Causas y soluciones para la sexofobia femenina

La sexofobia o fobia a las relaciones sexuales tiene su origen -me atrevería a decir que siempre, pero toda regla tiene su excepción- en algún tipo de relación negativa con el elemento masculino; sea el padre ausente, sea el novio adolescente torpe, sean creencias arcaicas o absurdas sobre el particular, erróneos sentimientos de culpa -no todos son erróneos, pero los hay que sí-... que originan en la mujer una necesidad irreprimible de hacerse con el control del asunto como reacción a miedos diversos -al dolor, a la dominación, al pecado, al embarazo, a la enfermedad de transmisión sexual...- o por simple afán de revancha o venganza. A medida que vayas leyendo te vas a ir dando cuenta de que el asunto es de puro sentido común, pero como en ocasiones se unen o alternan varias causas, conviene observarlas por separado para evitar confusiones y poder así hincarle el diente al tema con garantías.


Mala relación con el padre

Lo que ha aprendido una mujer en esta situación -o con un padre ausente- es que no puede confiar en los hombres, no puede abandonarse en sus brazos porque su confianza ya ha sido traicionada en demasiadas ocasiones, ha sido obligada a vivir a la defensiva desde pequeña, construyendo una barrera contra los afectos, contra las debilidades, las naturales vulnerabilidades infantiles que el padre debiera haber asegurado para merecer ese nombre. Quien no está a la altura no es otra
cosa que un mero progenitor "A" o "B" biológico. 

Tan sólido escudo que puede llevar a convertir sus relaciones de pareja en algo nada vivido, nada natural, sino algo puramente normativo, no carente de cierto sadismo y totalmente carente de la más mínima expresión de amor; más o menos así: Esto es así porque tiene que ser así, porque por qué no, porque lo digo yo, y punto

Pues no: lo normal es tener una vida normal, y si lo que se desea es una vida anormal, hay que dar al otro la posibilidad de elegir seguir su propia vida por separado, no vale vender la normalidad al principio -para enganchar- y luego desvelar la sorpresa. 

Las relaciones de mujeres así no funcionan porque no se dejan llevar naturalmente, porque todo tiene que ser analizado, justificado y aprobado -aunque tanto el análisis como la justificación no son otra cosa que pajas mentales sostenidas simplemente a base de una férrea y fría autoestima, de hembra sabedora de que tiene la sartén por el mango, o sea, chichi- por la mandamás de la relación. 

El castigo para el que pretenda subvertir su tiranía es una temporada de secano, así que el varón castrado ya sabe que no le quedan más narices que aguantar, porque aún puede ser peor. 

Cuando sí que se abre de patas no deja de poner problemas, controlando constantemente la situación, rompiendo la excitación con sus paranoias: que si ahora hay que hacer esto porque estoy sintiendo aquello... que si esto no que me hace sentir no sé qué... que si más así o asá que si no... Constantemente generando inseguridad -más de los que suele tener el consorte-tipo de semejante pájara- y culpa en el varón... En suma, jodiéndole vivo, no conscientemente, pero jodiéndole de todos modos.  

Pero no queda ahí la cosa, para más inri, ella -normalmente de forma inconsciente- se vengará del padre en él, reprochándole su supuesta falta de habilidad, igual que le reprocha al progenitor la falta de habiliad paterna, despreciándole, ninguneándole, destruyendo su autoestima, burlándose de él incluso, pero siempre sometiéndole, porque ahora ella puede, ahora ya es mayor y la que manda.


El novio adolescente torpe -y salido-

Ha generado en la sexofóbica un condicionamiento pavloviano típico. Ella se enerva cada vez que él intenta tocarla -supuestamente masturbándola aunque en realidad simplemente excitándola para ver si así se deja finalmente penetrar- porque el lugar que han escogido para sus escarceos no es el adecuado, algo que a él,
completamente cegado por el instinto, le importa un rábano, mientras ella siente un lógico miedo a ser descubierta. 

O simplemente porque ella es muy sensible y el crío un zarpas, o porque ella se da cuenta de que lo único que quiere él es seso y sólo seso, pero atenciones ni una. 

A base de repetición, ella ha desarrollado la respuesta fóbica, de rechazo, de huída. Más de una lesbiana habrá surgido de situaciones como estas.


Si el noviete cabrón no fue adolescente, sino crecidito

Seguramente el miserable abusón habrá querido imponer su criterio por las bravas, tirando de edad y mundo para imponer su voluntad, haciéndole daño, sin prestar atención a las quejas, y culpabilizando a la pobre niña de su propia torpeza. 

Igual que en el caso del noviete adolescente, ella ha desarrollado una respuesta de evitación frente a la práctica sexual.


Las creencias erróneas arcaicas

Basadas en igualmente erróneas interpretaciones de la religión, estas creencias generan sentimientos de vergüenza y culpa, incluso si el varón es el futuro esposo y tiene una habilidad que ya ha demostrado con otras parejas sexuales normales, porque el condicionamiento clásico ha sido consolidado antes de que él apareciese en la vida de la mujer, y como los condicionamientos son hábitos, y los h
ábitos son pura estructura cerebral, no una idea que flota en el éter, no será suficiente con una habilidad media para romperlo y construir uno adaptativo. 

Si es tu caso, varón, no te creas disminuido, hace falta una habilidad muy superior a la media para destruirlo, no sólo ganas.


La violencia sexual

Las agresiones sexuales también pueden generar una respuesta sexofóbica en una mujer perfectamente normal hasta el mom
ento del crimen. 

Si este es el caso, también hay que actuar con astucia, y hasta con mimo, de modo que la mujer no pueda pensar -porque no sea así verdaderamente, claro- que los acercamientos tienen como único fin usarla como objeto de la satisfacción sexual masculina: "Prometer hasta meter, y después de metido, nada de lo prometido"

Recuerdo que hace muchos años rompí este condicionamiento en una veinteañera en una sola noche. La pobre criatura, violada por su despreciable padre desde los seis años -esto es una mezcla de mala relación con el padre y violación-, volvió a la normalidad utilizando una estrategia sutil: me fui a la cama con ella como si aquello fuese a ser un casquete normal producto de una noche de pasión, y se levantó por la mañana sin haber sido penetrada, simplemente besada, acariciada, abrazada, querida, atendida, escuchada... 

Aquella noche fue tenida en cuenta como persona, no como muñeca hinchable humana. 

Una semana más tarde me llamó por teléfono, estaba entusiasmada, quería contarme que había tenido un orgasmo con un noviete. Una bomba teledirigida con tanta precisión puede hacer saltar por los aires el condicionamiento más férreamente estructurado, pero estas cosas no salen siempre perfectas, hay que estar muy seguro de lo que uno hace para meterse en un berenjenal semejante.



Por fin una buena noticia

La buena noticia es que la Cienorgasmología, la ciencia, técnica y
arte de hacer cien orgasmos por hora a una mujer, se basa precisamente en atrapar su mente, en tomar las riendas de la sexualidad sin dejarse atrapar la propia con las peroratas, lamentos, quejas, reproches, normas, exigencias, imposiciones y cualquier otro tipo de estrategia de manipulación emocional. 

La cuestión clave es, por lo tanto, robarle el control, porque en las situaciones en las que lo ha perdido -que tontas no son, y les gusta lo que les gusta, tanto o más que a las demás- ha disfrutado como una enana sin poner una sola pega (hasta después). 

Eso sí, conviene tener en cuenta que no es lo mismo aprender a hacerle cien orgasmos por hora a una mujer monoorgásmica normal que hacer disfrutar a una mujer sexofóbica, aquí es imprescindible empaparse de la teoría del Manual de la Cienorgasmología, comprenderlo, preguntar lo que no se entiende, armarse de valor inquebrantable, de seguridad en uno mismo, conseguir un compromiso firme de colaboración por la parte femenina, tomarse un tiempo de reflexión antes de acometer la tarea... y ponerse a trabajar sin miedo a los fallos que pueden producirse (no pasa nada, la Ciernorgasmología es suficientemente potente como para superar pasos atrás o errores en el proceso). 

En caso contrario, si ella no se compromete a cederte el control absoluto -y cuando digo absoluto quiero decir exactamente absoluto- de vuestra vida sexual hasta que alcance la normalidad, ni te molestes, devuélvela porque seguramente aún está en garantía, y búscate otra sin taras.


¡Pues resulta que el Punto G va y no existe!

No, hombre, no!! No se nos puede hacer una putada semejante!! Toda la vida presumiendo de lo bueno que soy en la cama porque soy único descubriendo el Punto G de mis conquistas y resulta que el jodido no existe!!

Si
lo piensas con algo de detenimiento, el dichoso Punto G
no ha hecho más que justificar inutilidades. 

Gracias a todos

Gracias a todos por estos 365 días en los cuales habéis prestado vuestra atención al humilde fruto de mis pensamientos (ya quisiera yo que fuesen míos realmente, yo también los he tomado prestados de la vida!), y gracias a Dios por habernos conservado vivos para poder incluso perder nuestro tiempo en estas divagaciones, irrelevantes a veces y otras no tanto. 

Gracias porque seguimos recibiendo más de mil visitas al mes, así que no creáis que no se leen vuestros comentarios o que no somos nadie. 

Para el nuevo año, el 2010, os deseo sobre todo fe (y para mí también, que nunca está de más), y que todo os vaya lo mejor posible en todos los aspectos. 

Gracias otra vez, un abrazo a todos y que Dios os guarde.


Si hacéis clic en la imagen veréis el pps que he seleccionado para vosotros. Es muy bueno.




Arqueología sexual

La naturaleza es sabia, aunque en ocasiones el elevado número de individuos pre-humanos que nos rodean hacen que nos parezca lo contrario. 

La causa de esa contrariedad no es otra que la tendencia a comparar la evolución con la referencia de la duración de nuestras vidas individuales o, como mucho, unos siglos atrás, lo que nos hace perder la perspectiva de que llegar hasta el momento actual de desarrollo nos ha llevado millones de años. 

Millones de años de transformaciones a base de selección natural. Expresado en términos mundanos, selección natural significa que el más guapo, (con arreglo a los parámetros de la época) más fuerte, mejor desarrollado y más listo es el que se reproduce más, por supuesto con una compañera de las mejores características, lo que supone que sus respectivos genes se transmiten en mayor cantidad. 

El feo, enclenque, mal parido y torpe no se come un colín, lo que impide que sus genes se divulguen en la misma medida o simplemente es eliminado antes de poder lograrlo. 

Da pena, ¿no? Pues a la naturaleza le importa un pimiento. 

A pesar de las similitudes que algunos animales de características cuasihumanas tratan de establecer con los simios, existen desde un punto de vista sexual, notables diferencias evolutivas que han ido asentándose por la sencilla razón de que han sido ventajosas evolutivamente. 

Ventajoso significa en este contexto, por ejemplo, que si fuese adaptativo que camináramos a cuatro patas, seguiríamos haciéndolo; y si no lo hacemos, es porque es recesivo, limitante de la evolución. 

Pero lo que me ha resultado más curioso del asunto es observar la importancia de la sexualidad en la evolución de la razón y los sentimientos humanos, no sólo de los rasgos anatómicos. Darwin decía que la función crea el órgano y la falta de uso lo atrofia, pero existen corrientes actuales que defienden que las modificaciones adaptativas se han producido gracias a la mayor tasa de reproducción de los "casualmente" más aptos, no porque el cuello de las jirafas se haya ido estirando para alcanzar las ramas más altas, sino porque las que los tenían más cortos se morían de hambre mientras las otras comían y se reproducían. 

Seamos partidarios de una teoría o la contraria, lo que podemos afirmar sin duda es que cuando el ser humano se hizo agricultor y pudo almacenar comida, dejó de necesitar el apéndice que en su época de cazador usaba como despensa portátil, lo que a la larga contribuyó a su minimización. 

La ausencia de barriga como evidencia a los ojos de los demás de ese "protoestado del bienestar" que se disfrutaba se convirtió en rasgo deseable para las señoras por aquello de garantizar el sustento de sus vástagos. ¿Nos ponemos a darle vueltas a la idea de que los budas suelen ser barrigones mientras que Jesucristo era delgado? Mejor dejémoslo para una mejor ocasión. 

Entonces ¿cuál fue la causa de la evolución de la posición de la vulva femenina desde sus orígenes cuadrúpedos (no dejéis de leer este interesantísimo artículo de Remedios Morales? ¿por qué no evolucionaron igualmente todos los simios? ¿Acaso la estúpidamente denostada "postura del misionero" tiene una componente adaptativa? Y si la tiene ¿cuál es? 

Yo me atrevo a hacer una especulación, que no será mía sin duda, sino pensada mucho antes, y que consiste en lo que desarrollaré a continuación. 

Incluso en sociedades precivilizadas como la antigua mongola de Gengis Khan y la mayoría actual del mundo musulmán (ahora van y me lapidan) en las que todavía se considera moralmente aceptable la poligamia, es decir, en las que se considera a la mujer como un mero objeto de la satisfacción masculina hasta en el paraíso, existe el papel de "la favorita". 

La favorita es la única cuyos descendientes heredan el rango del poderoso progenitor y consecuentemente poseen más probabilidad de difundir ampliamente su ADN. 

En contraste, a las mujeres relativamente insignificantes, a quienes puede considerarse una "cualquiera" entre tantas, se les reserva básicamente el papel de productoras de ocio, mientras que a las que tienen otra significación, bien por su origen igualmente noble o de alto rango social, se les dispensa un trato más respetuoso (no vaya a ser que el suegro se mosquee y la arme), no se les trata aquí-te-pillo-aquí-te-mato como a "perras" cuadrúpedas, sino que el varón se molesta en observar su rostro para comprobar si las habilidades que está desplegando le son o no satisfactorias, pues de ello depende en parte su propia seguridad física y psicológica. Tener a "la enemiga" en casa con un poder similar al propio es un problema de los gordos. 

Por si esto no fuera suficiente, una "cualquiera" no podía negarse a la cópula forzosa del marido-dueño, pero sí podía hacerlo la primera esposa si el machote no se comportaba adecuadamente, porque sin descendencia legítima su poder se tambaleaba hasta correr peligro frente a nobles competidores. 

Ella podía simplemente cerrar sus piernas y negarse al casquete en plan represalia por las inatenciones del animal. La "cualquiera" se quedó con el chirri en el culo pariendo bastardos. Y si aceptamos, parafraseando, la excelente definición del concepto amar de Erich Fromm: Amar es ocuparse activamente por la vida y el crecimiento de lo que amamos; podemos empezar a entender un poco mejor de dónde surge esta conducta -que no sentimiento- adaptativa humana. 

Con el paso de los milenios, las favoritas, aquellas con las que se practica la postura del misionero, tienen más descendencia y mejor dotada, lo que nos lleva al punto actual. 

Esa es la razón por la que, a pesar de los pesares, las mujeres, al contrario que las simias, tenéis el chichi entre los muslos. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.


Manual para aprender a masturbarse

Quizá los que nos lean allende los mares no entiendan de qué va el asunto que tanta polémica está generando en España y que da sentido a este post, así que toca explicarse. 

Se trata de la iniciativa de gobiernos autonómicos de siniestras -los buenos de toda la vida- de enseñar a los críos de secundaria a masturbarse como parte del engendro ese llamado Educación Sexual que tanto me recuerda a esa otra bobada para mentes desorientadas llamada Inteligencia Emocional. 

El debate está centrado, en los medios de comunicación, sobre si tal ocurrencia es o no ética, si atenta contra los principios de privacidad y si existe hoy en día algún debate social que sugiera la necesidad de dar luz a ciertos temas antiguamente considerados tabú.

Tampoco quiero hacerme eco de la estupidez que supone la iniciativa desde una perspectiva simple: que a la mayoría nadie nos ha enseñado a masturbarnos, lo que no ha impedido que hayamos disfrutado de nuestros placeres solitarios cuando nos ha venido en gana, sin haber necesitado que ni el PSOE ni sus lobbys nos enseñen como si fuesen -petulantes- doctores en la materia y el sexo lo hubiese inventado el señor Marx. 

Ni mucho menos que -probáblemente- la mujer no profesional que más orgasmos y de más larga duración tiene en el planeta -la mía- jamás en toda su vida se ha tocado los bajos con una intención que no sea la de lavárselos, lo cual no le ha impedido desarrollar una vida plena y placentera -con los problemas y desgracias inevitablemente vinculados al hecho de existir- que no puede precisamente calificarse de limitada por no haber tenido nunca la curiosidad y mucho menos la necesidad de tocarse para otros menesteres diferentes a la pura higiene personal.  
Lo que sí me parece digno de resaltar es que, como en el caso del genocidio infantil también llamado torticeramente "aborto" para engañar a los incautos, esto no es más que una treta para que los amigotes de los gobernantes actuales hagan caja. 

Y tengo sobradas razones para afirmarlo. Conozco a una pobre criatura de treintaypocos años, fracasada en lo familiar hasta romper su matrimonio frívolamente, con una vida tan vacía como las arcas del estado sólo periódicamente rellena por una dosis de autoestima regalada por el primer salido que se le insinúe ahí por la web y que ella acostumbra a aceptar de buen grado; e igualmente fracasada profesionalmente y eso que de niña prometía. 

La desgraciada, como cualquier imbézil que se precie (¿por qué me habrá salido con zeta?) -valga como ejemplo la ninfómana Laura Garrido- se pirria por dar lecciones de vida a los demás: que si eres infeliz, que si estás frustrado, que si eres antiguo, que si estás limitado, que hacer el amor es lo más hermoso que hay, que si no puede imaginarse que quede gente como tú en el mundo moderno, que si no se puede no saber lo que es la lluvia dorada... 

Esta desorientada cayó, ya que no valía para otra cosa, en las garras de un par de tortilleras -anormosexuales femeninas, para quien no conozca el término- que regentan una tienda llamada "Los placeres de Lola", especializada en lo que ellas denominan "artes amatorias". 

A decir verdad no sé si es una la que hace las tortillas mientras que la otra prefiere que le aticen con un buen mango, o son las dos las que se dedican a batir huevos, pero es claro el carácter feminista, misántropo y militante anormosexual de la tienda de guarradas en cuestión.


haz clic sobre la imagen para ampliarla si tienes el estómago sano

Además de dedicarse a organizar reuniones domésticas de Tuppersex para vender cacharrillos a las señoras insatisfechas -que parece que no les va del todo mal- parece que han pensado en exportar sus conocimientos al público infantil aprovechándose de sus amigotes sociatas, convirtiendo en doctas profesoras a un grupo de descerebradas que no tienen otra ocupación más provechosa en la vida. 

Y a jóvenes en efermos -no lo digo yo, lo dice un médico psiquiatra- como cualquier otro adicto, adictos a pelársela. Para ilustrar con un poco más de claridad -para que nadie pueda pensar que estoy sesgado- el nivel del personal docente que se gasta la gentuza ésta, baste decir que en el perfil de Facebook de la desnortada doctora cum laude en asesoramiento sexual por la universidad de La Lola, cualquiera que pase por allí puede ver entre su escasa docena de imágenes, a sus hijas de menos de cinco años abiertas de patas sobre sus camas -simplemente vestidas con unas braguitas que apenas disimulan el relieve de sus infantiles vulvas- en lugar de jugando en el parque con sus amiguitas como hacen los padres normales. 

Y para concluir este post, una reflexión: si ofrecen a los niños bolas chinas, lubricantes, consoladores ahora eufemísticamente llamados dildos (si piensan que yo voy a seguirles el juego, van listas) y vayan ustedes a saber qué, ¿por qué no incluyen lecciones de coprofagia, sadomasoquismo, bukkake, etc., para niños? 

¿Por qué no les ofrecen también correas y arneses infantiles y juveniles? ¿Por qué no se regalan consoladores a los bebés en lugar de chupetes y juguetes didácticos? ¿Dónde están los límites de su aberrado sentido moral? 

No se lo pierdan, en su página web, que por supuesto no voy a enlazar, aparece esta pudorosa observación (para partirse de risa):






En los cursos les dirán: Niños, además de poder comprar la píldora del día después sin que se enteren vuestros padres, tendremos sumo gusto en hacernos cargo de vuestra generosa paga semanal a cambio de un surtidito de aparatos con los que podréis disfrutar más de vuestro "autoamor" y de las "artes amatorias" -preferentemente anormosexuales, claro- en compañía. Discretamente, claro. 


Post relacionados: 


Casi un tercio de los españoles chinga menos de una vez al mes

En Elconfidencial.com acaban de publicar un interesante artículo -que además cita este otro en el que se anunciaba que los españoles somos los mejores amantes del mundo (¿Será la Cienorgasmología es ya más conocida de lo que alguno supone?)- sobre la baja frecuencia sexual media de las parejas españolas. 

¿A alguien le extraña con la que nos está cayendo y el panorama que nos espera con el inútil de ZP? 

Ya os había contado en este post que también en mi caso había disminuido últimamente, aunque ello no implicara algún tipo de insatisfacción, sino todo lo contrario, un alivio. 

En honor a la verdad he de decir que cometí una imprecisión al escribirlo, porque no di cifras concretas, así que ahora preciso: si bien ya no cienorgasmologueo todos los días varias veces, lo hago unas cuatro veces por semana -que no es moco de pavo, visto lo visto-, por lo que mi mujercita sigue disfrutando de orgasmos discrecionales una o varias veces al día. Alguna vez digitales, otros orales, y otros acariciándole los pececillos.  
Y, aún cuando la pobrecilla no guarda las proporciones clítoris-vagina necesarias para disfrutar, y un servidor es un pobre necio desconocedor del esencial ¡¿Punto U?!, la pobre infeliz tarda cero coma en empezar a orgasmear, lo que me permite no dedicar más tiempo y energías de las imprescindibles para mantenerla más que satisfecha. ¿Me estoy haciendo viejo o vago?. 

Y a propósito de esto de la frecuencia sexual, hace unos días estuve viendo un programa muy interesante del inefable Fernando Sánchez Dragó en el que entrevistaba a un reputado urólogo, que afirmaba que con el famoso Cialis uno podía disponer en cualquier momento de toda su artillería en perfecto estado de revista. 

Muy curioso, porque Cialis, a diferencia de la Viagra, puede consumirse diariamente sin ningún efecto secundario adverso -eso dicen, yo no lo sé- y no sólo media hora antes del casquete, lo que desde el frecuentemente romántico punto de vista de la mujer anula cualquier vestigio de la mínima espontaneidad deseable. Tanto como pararse a ponerse un condón. 

Es evidente que para un impotente -disfunción eréctil se llama ahora- es preferible chingar con horario preestablecido que no hacerlo, así que no nos pongamos puntillosos con la vencida Viagra, no vaya a ser que de tanto escupir al cielo acabe cayéndonos el gargajo encima. Sin embargo no está de más seguir recomendando el mejor método conocido hasta la fecha para satisfacer sexualmente a la mujer y para reforzar positivamente la erección masculina: la Cienorgasmología. 

Porque un hombre en condiciones no implica una mujer disponible. Como hemos repetido en tantas ocasiones, la calidad es preferible a la cantidad, y si el varón es torpe, la mujer estará tentada a cambiarle la Viagra por una inocente Aspirina a ver si hay suerte, el manazas no se entera de la jugada y la deja tranquila una semana más.

La ciencia confirma lo obvio: chingando conoces gente

A veces los descubrimientos de la ciencia parecen tonterías. Los científicos se preocupan de cosas que la mayoría damos por hecho hasta el punto de no dedicar un segundo de nuestro tiempo a pensar según qué cosas. 

Por ejemplo, normalmente a la gente no se le ocurre pensar por qué el hielo flota y qué pasaría si no lo hiciera, o por qué ciertos tipos de música nos animan mientras que otros nos entristecen; es así, lo ha sido siempre, y punto. 

A veces apetece preguntar a estos científicos si no tienen mejores asuntos en los que ocuparse, ¿verdad? Sin embargo, en ocasiones, los descubrimientos científicos más absurdos aparentemente no lo son tanto en una sociedad fuertemente ideologizada, a la que ilustres idiotas como Marx, Freud & Cia. con sus respectivas cohortes de admiradores, tratan de imponer a la sociedad paranoias que no sólo no tienen sustento en cualquiera que haya dedicado algo más de dos tardes a pensar en las cosas importantes, sino que son absolutamente falsas desde una perspectiva científica. 

Vivimos en una sociedad cuya moral -el conocimiento del bien y el mal- está manipulada por unos cuantos desarrapados mentales (véase también Bibiana Aído o Pedro Zerolo) que juzgan bueno aquello que coincide con sus intereses más bajos, con sus necesidades, con sus excentricidades, aunque poco a poco -demasiado poco a poco para mi gusto- igual que la ciencia derribó las barreras de un cristianismo preocupado por contener el irracional y violento islam, las religiones primitivas, paganas, bárbaras y brujeriles, hasta convertirlo en su principal defensor, baluarte e impulsor a través de las primeras universidades: la primera del mundo en Constantinopla en los S III y IV dC. y las primeras europeas en Bolonia, Palencia y Salamanca siglos después, fruto de un germen moral: la búsqueda de la verdad científica opuesta a la falsedad. 


Vayamos al grano 

 ¿A quién se le ha ocurrido alguna vez pensar en que para que nazca un nuevo ser humano es necesario el concurso de varón y mujer? Es una obviedad para cualquier crío, hasta para los malinformados niños de los 60, que creíamos en la cigüeña que venía de París. 

Ahora bien, nuestra candidez no nos impedía darnos cuenta de que sólo venía si había un papá y una mamá normales

Hoy en día que uno de los dos papás sea estéril no es un problema sin solución, hay bancos de semen, de óvulos y todo eso, que también son aprovechados por alguna descerebrada que otra que, ante la incapacidad de amar y por tanto de establecer un matrimonio consistente a causa de su desorientación, recurre al método expeditivo de traer al mundo a un hijo sin padre. Vamos, una de esas que presumirá de instinto maternal y querer lo mejor para su hijo. 

Y, sin embargo, hasta una cosa tan obvia como la necesidad de un papá que ponga la semillita en la barriguita de la mamá -además de ser lo correcto desde un punto de vista estrictamente moral- tiene ahora una explicación científica, aunque no la requiriese en absoluto quien tuviera dos dedos de frente. 

Porque según se desprende de la investigación realizada en la Universidad de Oregón, y citada aquí, las plantas y animales que también pueden autofecundarse tienen unos descendientes más fuertes y sanos cuando dejan de mirarse el ombligo, se fijan en sus congéneres y optan por una pareja sexual. 

La nueva generación fruto de esta unión tiene más probabilidades de disfrutar de una vida más larga que los hijos de «familias uniparentales» y sufren menos mutaciones genéticas. Obviamente los bancos de semen son alimentados por "papás", evitándose así mutaciones genéticas indeseadas. 

Además no hay aún mujeres que se autorreproduzcan -iría en contra de la moral, pero también de la ciencia, aunque visto lo visto uno puede esperarse cualquier aberración- para evitar "mancharse" con un macho enemigo, supongo que en el caso de alguna feminista anormosexual. Pero no hay que esperar tampoco a que la ciencia confirme que es amoral y negativo tener hijos sin padre o con familias anormosexuales. La naturaleza sabe lo que hace y por eso fija sus leyes. 

Curiosamente, la Ley de Dios y las leyes naturales descubiertas por la ciencia coinciden.







Chingas menos que un casao

Un par de viejos amigos se encuentran casualmente por la calle y tras regalarse los consabidos halagos hacia la barriga de uno y la calvicie del otro, recordando que se casó virgen, el barrigón le pregunta al calvo:
- Oye, macho, y ¿qué tal te va de casado? ¿Chingas más que antes?
A lo que le responde el calvorota con cierta sorna:
- ¡Qué va, macho! ¡Chingo el doble que de soltero!
El otro, estupefacto, le dice:
- ¿El doble? ¡No me lo puedo creer! ¿Cómo es eso?
Y le contesta el calvo:
- ¡Sí, hombre, de soltero no chingaba nada, y de casado nada de nada!







Ya hemos hablado varias veces (aquí) del asunto, pero desde hace unos días le estoy dando vueltas a la cabeza. El caso es que desde hace un tiempo, no sé cuánto, he perdido absolutamente el miedo a irme a la cama por sentirme obligado a cumplir. El asunto tiene su aquel, porque cuando uno asume su papel de "maestro" de lo que sea, y en mi caso es el asunto este de la Cienorgasmología, parece como que está obligado a demostrar cada noche de lo que es capaz, entre otras cosas, para seguir experimentando y poder contaros algo interesante. Pero la verdad es que no tengo mucho más que contaros al respecto, porque la ciencia, técnica y patatín y patatán ésta tiene la ventaja de poder ser explicada en pocas palabras. Bueno, sí que tengo algo más que contaros, pero me temo que va a pasar mucho tiempo antes de poder hacerlo, por razones que aún no puedo desvelar.

Esto no va a ser una lección de Cienorgasmología, sino una ¿simple curiosidad? que quizá pueda servir a alguien para dejar de comerse el coco. La cuestión es que desde hace tiempo me voy a la cama pensando en que no va a haber temita, cuando antes pasaba justo lo contrario, que siempre tenía que haberlo, lo que me ocasionaba alguna que otra incomodidad cuando no me apetecía más que cerrar los ojos, hablar un rato con El Jefe, y dormirme plácidamente. Es como cuando uno gana un campeonato del mundo, o es un figura del deporte, está obligado a hacerlo siempre a ese nivel o será criticado y puesto en duda.

La verdad es que desde entonces me siento liberado de una pesada carga, la frecuencia de encuentros ha disminuido significativamente (teniendo en cuenta que hasta hace no demasiado era desayuno comida y cena, más algún que otro tentempié a deshoras), pero los dos estamos más que satisfechos. Al fin y al cabo, el sexo no lo es todo, ¿no?. Aunque sea sexo cienorgasmológico.

Ahora, cuando nos apetece, lo hacemos, y cuando no, pues no. Ella nota cuándo tengo ganas yo, y yo noto cuándo las tiene ella. Es una de las ventajas de la monogamia, acabas conociendo al otro casi como a ti mismo.


Y para acabar, no puedo dejar de comentar uno de los asuntos más jugosos que nos ha dejado la actualidad, una foto que ha dado más que hablar que la Foto de las Azores, y que no es otra que la foto de La Familia MonZter. Disfrutad de esta y de otras que podréis ver en el blog de Salva y Reyes. Muy (bien) currado.

Buena semana a (casi) todos.





Bobadas pseudocientíficas sobre el clítoris

En verano la mayoría nos encontramos disfrutando de nuestras vacaciones, y los periodistas también. Seguramente sea esa la razón por la que se publican bobadas para rellenar las páginas de los periódicos, como esta que descubrí por aquí:

Kim Wallen, profesor de psicología de la Universidad Emory (EEUU), lleva ya tiempo ocupado haciendo los cálculos que le han permitido averiguar la piedra angular del goce femenino. Según el investigador, y más allá de la posición exacta del famoso punto G, ha descubierto una sencilla regla fisiológica que determina si una mujer tiene más o menos facilidad para conseguir un orgasmo. El quid de la cuestión está en la distancia que separa al clítoris de la vagina. Ese número, medido en centímetros, determina la facilidad para conseguir orgasmos por estimulación del pene, sin ayuda de lengua, dedos o juguetes sexuales. Según Wallen, para ser la agraciada, la distancia entre el clítoris y la vagina debe ser menor de 2,4 cm, aproximadamente la longitud desde la punta del dedo pulgar hasta su primera articulación. Cualquiera que tenga esta medida, está capacitada para producir orgasmos fiables durante una sesión de sexo con penetración.



Tras recuperarme de la impresión, ni corto ni perezoso, agarré uno de esas cintas métricas de papel que regalan en IKEA (¿Qué pensábais, que iba a usar un calibre digital?) para medirle la distancia entre ambos puntos mi señora. 

La sorpresa que me llevé fue mayúscula, porque una de las mujeres -no profesionales- que más orgasmos y de más larga duración experimentan en el planeta ¡¡¡Tiene una distancia de cuatro centímetros y medio entre el glande del clítoris y el borde anterior de la entrada de la vagina!!! Lo que según la "piedra filosofal" descubierta por el amigo Wallen debía incapacitar totalmente a la pobre desagraciada para experimentar orgasmos. 

Supongo que más de uno de los practicantes de sexo anal habrá pensado al leer el estudio que a mayor distancia está el ojete, y a nadie se le ocurre dudar de que su estimulación produce orgasmos enormemente placenteros. 

Es más, entre el clítoris de mi contraria y sus pezones hay todavía más distancia, más de medio metro, y tiene orgasmos igualmente cuando se los acaricio. 

Puesto inmediatamente en comunicación con el Palacio de la Zarzuela para abordar la cuestión, Juancar y yo hemos decidido por unanimidad conceder el premio "¿Por qué no te callas?" del verano de 2009 al "investigador" Kim Wallen, ex aequo con el autor del brillante artículo, honor del que hace entrega su majestad a continuación:




La Cienorgasmología con una nueva pareja

Nuestro querido Sammy cree que tiene un problema que ya quisieran para sí millones de hombres, y es que al parecer -aún- no consigue pasar de los 15 orgasmos por sesión. Vale que estamos aquí para superar con creces esa cifra, pero desde luego no es para preocuparse en absoluto, sino todo lo contrario. 

Es para estar muy satisfecho él por su rendimiento por encima de la media, y ella por tener un partenaire que se preocupe más por el placer de ella que por el propio y se lo haga pasar como difícilmente hubiera podido con otro. 

Tirando de lógica y experiencia, se me ocurre que las razones por las que no consigue alcanzar sus objetivos pueden ser varias: 


1- ATRAPAR LA PROPIA MENTE 


En los inicios de una relación, y más siendo joven, el principal problema que yo tendría sería la dificultad para atrapar mi propia mente. A esas edades normalmente el orgasmo de la mujer nos arrastra, dificultando mantener el control sobre nosotros mismos, y consecuentemente perturbando una correcta dirección de la orquesta. 

Supongo que esto no le pasará a todo el mundo, hay personas más naturalmente autocontroladas y otras cuya dilatada experiencia sexual les permite tomarse el asunto sin tanta implicación instintiva, pero desde luego a mí me ha pasado en más de mil ocasiones, probablemente también engañado por la absurda sexualidad oriental. Pero se puede objetar a este argumento que parece claro que si se han llegado a los quince orgasmos es que un cierto control existe, obviamente no absoluto, pero existe. 



2- SIN PIEDAD 


Como ya saben todos los cienorgásmicos expertos, la clave para aumentar el número es no tener piedad de nuestra mujer. Como recuerda este capítulo, y su continuación en este otro es imprescindible que sea el varón el responsable y director de los conciertos sexuales, pues de delegar la batuta nos encontraremos lisa y llanamente con que la orquesta tocará lo que le apetezca, que parece ser lo que ocurre en este caso. 

Es esencial recordar que para meter cien orgasmos en una hora hay que carecer de escrúpulos de ningún tipo, encadenarle un orgasmo tras otro aunque nos implore por nuestra madre que paremos. Si seguimos por el camino equivocado, la fémina nos podrá llevar por donde le plazca, responsabilizandonos a nosotros de la baja calidad del concierto o no, pero en cualquier caso no nos hará sentir precisamente bien. 

Curiosamente la causante del problema es ella, pero ya sabemos que los varones somos muy dados a acomplejarnos en cuanto las cosas no van como queremos. La realidad es que ella, por una u otra razón peregrina, nos ha ganado la partida, nos ha sometido a sus caprichos, ha tomado el control con el simple argumento expresado u oculto de que no somos lo suficientemente buenos. 

No nos engañemos, una vez cautivos y desarmados por temor a perderla, ella hará en lo sucesivo lo que quiera con nosotros por la misma vía, inducirnos a usar cachivaches sexuales como norma o cualquier otra garantía de insatisfacción futura. 

Tengamos en cuenta que cuando una mujer se convierte en multiorgásmica o cienorgásmica, puede seguir siéndolo sin nosotros con una pareja mediana, igual no llegará a los cien por hora, pero seguro que no le importará quedarse en diez o doce, y ella sabe que eso ocurriría aunque nosotros no lo pensemos. 

Que sean necesarias variaciones y juegos raros tras años de relación puede ser hasta saludable, pero empezar arguyendo que no siente nuestro chisme da que pensar, y no precisamente bien, porque ya sabemos que el tamaño no importa



3- LOS TOQUES 


Una de las razones por las que es posible que la mujer no nos sienta es la repetición de los mismos eventos. 

Recuerdo que cuando vivía en el norte de España tenía una existencia satisfactoria, sin embargo, después de más de veinte viviendo en Madrid no soportaría volver a vivir allí, llueve todo el tiempo (exagero), hay más días nublados que soleados y pocos años -por ejemplo este mismo- tienes la garantía de unas vacaciones de verano sin chubasquero y paraguas. Sin embargo, cuando vivía allí estaba tan acostumbrado, me parecía tan normal que ni le prestaba atención al asunto. 

Del mismo modo, si no respetamos escrupulosamente las recomendaciones de los capítulos relativos a los distintos tipos de toques, nos encontraremos con la repetición de un mete-saca monótono que borrará las pequeñas diferencias de matiz que existan entre un empujón y otro. 

Las diferencias no deben ser pequeñas, sino enormes, hasta el punto de que no conviene repetir más de tres o cuatro veces el mismo movimiento consecutivamente, sino más bien lo contrario, variarlos constantemente y mezclar los pélvicos con los táctiles, con los verbales y las esenciales pausas. 

Un buen sofá de esquina y unas manos fuertes para agarrarse son indudablemente esenciales para que cada empujón mueva todo su cuerpo, consiguiendo así que sienta el empuje no sólo en sus genitales, sino hasta su cabeza. 



CONCLUSIÓN


Todo esto no significa que uno esté haciendo algo mal, sino que puede hacerlo mejor. 

Es importante tomárselo con calma, ser astuto y no crear un problema donde no lo hay. Si la moza quiere ponerse arriba bajo amenaza de hacerse la insatisfecha, que se ponga, no estaremos perdiendo el control, sino cediéndolo inteligentemente; mientras tanto, cuando el control esté en nuestras manos, ¡leña al mono!. 

Un sólo orgasmo encadenado sin ninguna pausa con el siguiente es suficiente muestra de que podemos hacerlo, lo que nos debe aportar la seguridad de que podemos repetirlo, de que somos capaces de conseguirlo siempre que queramos. Y si le encadenamos dos o tres seguidos varias veces, dudo mucho que le quede energía para querer ponerse encima. O que diga que no nos siente.