El conocimiento implícito y explícito en la sexualidad 2ª parte

Decíamos en la entrada anterior y en la anterior que uno de los principales problemas a los que se enfrenta un ciernogasmólogo a la hora de lograr provocar cien orgasmos por hora a su mujer es la ausencia de feedback. Sin información o con información confusa proveniente de su mujer uno no puede manejar adecuadamente los instrumentos de la orquesta femenina, algo parecido a si un director de orquesta ejecutara su trabajo con tapones en los oídos o escuchando heavymetal a través de unos auriculares. ¿Cómo sabría si está dirigiendo bien?

El segundo pájaro que maté del mismo tiro cuando obtuve información concreta es precisamente lograr el conocimiento explícito necesario proporcionado por mi partner respecto a mi actuación. Dado que entre tanta información no acertaba a encontrar el principio y el fin de sus orgasmos, lo que me ocasionaba una notable frustración, y aunque temía estropearle con ello el placer del segundo orgasmo encadenado –craso error, como sabemos, en la sexualidad y en la vida cotidana, con la compasión entra la peste–, decidí pedirle que, en lugar de advertirme de la cercanía de su orgasmo y en algunas ocasiones de su comienzo simplemente, me avisara clara y exclusivamente del momento del comienzo y el final de cada uno. Sencillo, ¿no?

El resultado es que pude saber exactamente, además del momento de inicio y final de cada uno, la diferencia entre un orgasmo y esos momentos casi orgásmicos, de elevada intensidad en la experiencia placentera, pero que no son orgasmos. Sin poseer esa información me encontraba perdido entre un montón de ruido indefinido.

Pidiéndole que me advirtiese pude obtener la información que me faltaba, y con ella ahora podía detenerme –obviamente con el tacto adecuado– cuando finalizaba cada uno, dejar decaer su placer, y concentrarme en provocar el siguiente sin que ella fuera a su aire enlazando uno con otro hasta que yo lo decida –será en la siguiente etapa– y con cuasiorgasmos y provocando mi desorientación. ¿El resultado? Alcanzar la marca de sesenta por hora por primera vez con ella sin encadenarle ninguno. Ya queda menos para los cien.

Suena poco romántico, pero no olvidemos que el proceso de entrenamiento para lograr provocar cien orgasmos por hora a una mujer no implica que el resto de la vida uno tenga que matarse a batir récords, sino que se trata de un método para optimizar la sexualidad, y después haga cada uno de su capa un sayo.

Seguiremos informando.

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