jueves 12 de noviembre de 2009

Manual para aprender a masturbarse

Quizá los que nos lean allende los mares no entiendan de qué va el asunto que tanta polémica está generando en España y que da sentido a este post, así que toca explicarse. Se trata de la iniciativa de gobiernos autonómicos de siniestras -los buenos de toda la vida- de enseñar a los críos de secundaria a masturbarse como parte del engendro ese llamado Educación Sexual que tanto me recuerda a esa otra bobada para mentes desorientadas llamada Inteligencia Emocional. El debate está centrado, en los medios de comunicación, sobre si tal ocurrencia es o no ética, si atenta contra los principios de privacidad y si existe hoy en día algún debate social que sugiera la necesidad de dar luz a ciertos temas antiguamente considerados tabú.

Tampoco quiero hacerme eco de la estupidez que supone la iniciativa desde una perspectiva simple: que a la mayoría nadie nos ha enseñado a masturbarnos, lo que no ha impedido que hayamos disfrutado de nuestros placeres solitarios cuando nos ha venido en gana, sin haber necesitado que ni el PSOE ni sus lobbys nos enseñen como si fuesen -petulantes- doctores en la materia y el sexo lo hubiese inventado el señor Marx. Ni mucho menos que -probáblemente- la mujer no profesional que más orgasmos y de más larga duración tiene en el planeta -la mía- jamás en toda su vida se ha tocado los bajos con una intención que no sea la de lavárselos, lo cual no le ha impedido desarrollar una vida plena y placentera -con los problemas y desgracias inevitablemente vinculados al hecho de existir- que no puede precisamente calificarse de limitada por no haber tenido nunca la curiosidad y mucho menos la necesidad de tocarse para otros menesteres diferentes a la pura higiene personal.

Lo que sí me parece digno de resaltar es que, como en el caso del genocidio infantil también llamado torticeramente "aborto", esto no es más que una treta para que los amigos de los gobernantes actuales hagan caja. Y tengo sobradas razones para afirmarlo.

Conozco a una pobre criatura de treintaypocos años, fracasada en lo familiar hasta romper su matrimonio, con una vida tan vacía como las arcas del estado sólo periódicamente llena por una dosis de autoestima regalada por el primer salido que se le insinúe ahí por la web, e igualmente fracasada profesionalmente; y eso que de niña prometía. La desgraciada, como cualquier imbézil que se precie (¿por qué me habrá salido con zeta?) -valga como ejemplo la ninfómana Laura Garrido- se pirria por dar lecciones de vida a los demás: que si eres infeliz, que si estás frustrado, que si eres antiguo, que si estás limitado, que hacer el amor es lo más hermoso que hay, que si no puede imaginarse que quede gente como tú en el mundo moderno, que si no se puede no saber lo que es la lluvia dorada...

Esta desorientada cayó, ya que no valía para otra cosa, en las garras de un par de tortilleras -anormosexuales femeninas, para quien no conozca el término- que regentan una tienda llamada "Los placeres de Lola", especializada en lo que ellas denominan "artes amatorias". A decir verdad no sé si es una la que hace las tortillas mientras que la otra prefiere que le aticen con un buen mango, o son las dos las que se dedican a batir huevos, pero es claro el carácter feminista, misántropo y militante anormosexual de la tienda de guarradas en cuestión.



haz clic sobre la imagen para ampliarla si tienes el estómago sano



Además de dedicarse a organizar reuniones domésticas de Tuppersex para vender cacharrillos a las señoras insatisfechas -que parece que no les va del todo mal- parece que han pensado en exportar sus conocimientos al público infantil aprovechándose de sus amigotes sociatas, convirtiendo en doctas profesoras a un grupo de descerebradas que no tienen otra ocupación más provechosa en la vida.

Para ilustrar con un poco más de claridad -para que nadie pueda pensar que estoy sesgado- el nivel del personal docente que se gasta la gente esta, baste decir que en el perfil de Facebook de la desnortada doctora cum laude en asesoramiento sexual por la universidad de La Lola, cualquiera que pase por allí puede ver entre su escasa docena de imágenes, a sus hijas de menos de cinco años abiertas de patas sobre sus camas -simplemente vestidas con unas braguitas que apenas disimulan el relieve de sus infantiles vulvas- en lugar de jugando en el parque con sus amiguitas como hacen los padres normales.

Y para concluir este post, una reflexión: si ofrecen a los niños bolas chinas, lubricantes, consoladores ahora eufemísticamente llamados dildos (si piensan que yo voy a seguirles el juego, van listas) y vayan ustedes a saber qué, ¿por qué no incluyen lecciones de coprofagia, sadomasoquismo, bukkake, etc.? ¿Por qué no les ofrecen también correas y arneses? ¿Dónde están los límites de su trastornado sentido moral?

No se lo pierdan, en su página web, que por supuesto no voy a enlazar, aparece esta pudorosa observación (para partirse de risa):


Niños, además de poder comprar la píldora del día después sin que se enteren vuestros padres, tendremos sumo gusto en hacernos cargo de vuestra paga semanal a cambio de un surtidito de aparatos con los que podréis disfrutar más de vuestro autoamor y de las artes amatorias -preferentemente anormosexuales, claro- en compañía. Discretamente, claro.





Post relacionados:

- Los cachivaches muleta
- Los peligros de los juguetes sexuales (cachivaches)


martes 27 de octubre de 2009

Casi un tercio de los españoles chinga menos de una vez al mes

En Elconfidencial.com acaban de publicar un interesante artículo -que además cita este otro en el que se anunciaba que los españoles somos los mejores amantes del mundo!!! (¿Será la Cienorgasmología es ya más conocida de lo que alguno suponte?)- sobre la baja frecuencia sexual media de las parejas españolas. ¿A alguien le extraña con la que nos está cayendo y el panorama que nos espera con el inútil de ZP?


Ya os había contado en este post que también en mi caso había disminuido últimamente, aunque ello no implicara algún tipo de insatisfacción, sino todo lo contrario, un alivio. En honor a la verdad he de decir que cometí una imprecisión al escribirlo, porque no di cifras concretas, así que ahora preciso: si bien ya no cienorgasmologueo todos los días varias veces, lo hago unas cuatro veces por semana -que no es moco de pavo, visto lo visto-, por lo que mi mujercita sigue disfrutando de orgasmos discrecionales una o varias veces al día. Alguna vez digitales, otros orales, y otros acariciándole los pececillos.

Y, aún cuando la pobrecilla no guarda las proporciones clítoris-vagina necesarias para disfrutar, y un servidor es un pobre necio desconocedor del esencial ¡¿Punto U?!, la pobre infeliz tarda cero coma en empezar a orgasmear, lo que me permite no dedicar más tiempo y energías de las imprescindibles para mantenerla más que satisfecha. ¿Me estoy haciendo viejo o vago?.


Y a propósito de esto de la frecuencia sexual, hace unos días estuve viendo un programa muy interesante del inefable Fernando Sánchez Dragó en el que entrevistaba a un reputado urólogo, que afirmaba que con el famoso Cialis uno podía disponer en cualquier momento de toda su artillería en perfecto estado de revista. Muy curioso, porque Cialis, a diferencia de la Viagra, puede consumirse diariamente sin ningún efecto secundario adverso -eso dicen, yo no lo sé- y no sólo media hora antes del casquete, lo que desde el frecuentemente romántico punto de vista de la mujer anula cualquier vestigio de la mínima espontaneidad deseable. Tanto como pararse a ponerse un condón.


Es evidente que para un impotente -disfunción eréctil se llama ahora- es preferible chingar con horario preestablecido que no hacerlo, así que no nos pongamos puntillosos con la vencida Viagra, no vaya a ser que de tanto escupir al cielo acabe cayéndonos el gargajo encima. Sin embargo no está de más seguir recomendando el mejor método conocido hasta la fecha para satisfacer sexualmente a la mujer y para reforzar positivamente la erección masculina: la Cienorgasmología.


Porque un hombre en condiciones no implica una mujer disponible. Como hemos repetido en tantas ocasiones, la calidad es preferible a la cantidad, y si el varón es torpe, la mujer se sentirá tentada a cambiarle la Viagra por una inocente Aspirina a ver si hay suerte, el manazas no se entera de la jugada y la deja tranquila una semana más.







No quiero terminar este post de hoy sin dedicar un par de líneas -¡qué menos!- de homenaje a ese gran hombre, gran patriota, gran militar y gran profesional, antiguo Jefe de la Casa del Rey, que se nos ha ido, dejándonos más a merced si cabe de modelos mediocres, negativos, o desastrosos para el presente y el futuro; Don Sabino Fernández Campo, descanse en paz en la Gloria de Dios.




viernes 23 de octubre de 2009

La ciencia confirma lo obvio: chingando conoces gente



A veces los descubrimientos de la ciencia parecen tonterías. Los científicos se preocupan de cosas que la mayoría damos por hecho hasta el punto de no dedicar un segundo de nuestro tiempo a pensar según qué cosas. Por ejemplo, normalmente a la gente no se le ocurre pensar por qué el hielo flota y qué pasaría si no lo hiciera,
o por qué ciertos tipos de música nos animan mientras que otros nos entristecen; es así, lo ha sido siempre, y punto. A veces apetece preguntarles si no tienen mejores asuntos en los que ocuparse, ¿verdad?

Sin embargo, en ocasiones, los descubrimientos científicos más absurdos aparentemente no lo son tanto en una sociedad fuertemente ideologizada, a la que ilustres idiotas como Marx, Freud & Cia. con sus respectivas cohortes de admiradores, tratan de imponer a la sociedad paranoias que no sólo no tienen sustento en cualquiera que haya dedicado algo más de dos tardes a pensar en las cosas importantes, sino que son absolutamente falsas desde una perspectiva científica.

Vivimos en una sociedad cuya moral -el conocimiento del bien y el mal- está manipulada por unos cuantos desarrapados mentales (véase también Bibiana Aído o Pedro Zerolo) que juzgan bueno aquello que coincide con sus intereses más bajos, con sus necesidades, con sus excentricidades, aunque poco a poco -demasiado poco a poco para mi gusto- igual que la ciencia derribó las barreras de un cristianismo preocupado por contener el irracional y violento islam, las religiones primitivas, paganas, bárbaras y brujeriles, hasta convertirlo en su principal defensor, baluarte e impulsor a través de las primeras universidades: la primera del mundo en Constantinopla en los S III y IV dC. y las primeras europeas en Bolonia, Palencia y Salamanca siglos después, fruto de un germen moral: la búsqueda de la verdad científica opuesta a la falsedad.




Vayamos al grano



¿A quién se le ha ocurrido alguna vez pensar en que para que nazca un nuevo ser humano es necesar
io el concurso de varón y mujer? Es una obviedad para cualquier crío, hasta para los malinformados niños de los 60, que creíamos en la cigüeña que venía de París. Ahora bien, nuestra candidez no nos impedía darnos cuenta de que sólo venía si había un papá y una mamá normales.

Hoy en día que uno de los dos papás sea estéril no es un problema sin solución, hay bancos de semen, de óvulos y todo eso, que también son aprovechados por alguna descerebrada que otra que, ante la incapacidad de amar y por tanto de establecer un matrimonio consistente a causa de su desorientación, recurre al método expeditivo de traer al mundo a un hijo sin padre. Vamos, una de esas que presumirá de instinto maternal y querer lo mejor para su hijo.

Y, sin embargo, hasta una cosa tan obvia como la necesidad de un papá que ponga la semillita en la barriguita de la mamá -además de ser lo correcto desde un punto de vista estrictamente moral- tiene ahora una explicación científica, aunque no la requiriese en absoluto quien tuviera dos dedos de frente.

Porque según se desprende de la investigación realizada en la Universidad de Oregón, y citada aquí,
las plantas y animales que también pueden autofecundarse tienen unos descendientes más fuertes y sanos cuando dejan de mirarse el ombligo, se fijan en sus congéneres y optan por una pareja sexual. La nueva generación fruto de esta unión tiene más probabilidades de disfrutar de una vida más larga que los hijos de «familias uniparentales» y sufren menos mutaciones genéticas.

Obviamente los bancos de semen son alimentados por "papás", evitándose así mutaciones genéticas indeseadas. Además no hay aún mujeres que se autorreproduzcan -iría en contra de la moral, pero también de la ciencia, aunque visto lo visto uno puede esperarse cualquier aberración- para evitar "mancharse" con un macho enemigo, supongo que en el caso de alguna feminista anormosexual. Pero no hay que esperar tampoco a que la ciencia confirme que es amoral y negativo tener hijos sin padre o con familias anormosexuales. La naturaleza sabe lo que hace y por eso fija sus leyes. Curiosamente, la Ley de Dios y las leyes naturales descubiertas por la ciencia coinciden.




domingo 27 de septiembre de 2009

Chingas menos que un casao

Un par de viejos amigos se encuentran casualmente por la calle y tras regalarse los consabidos halagos hacia la barriga de uno y la calvicie del otro, recordando que se casó virgen, el barrigón le pregunta al calvo:
- Oye, macho, y ¿qué tal te va de casado? ¿Chingas más que antes?
A lo que le responde el calvorota con cierta sorna:
- ¡Qué va, macho! ¡Chingo el doble que de soltero!
El otro, estupefacto, le dice:
- ¿El doble? ¡No me lo puedo creer! ¿Cómo es eso?
Y le contesta el calvo:
- ¡Sí, hombre, de soltero no chingaba nada, y de casado nada de nada!







Ya hemos hablado varias veces (aquí) del asunto, pero desde hace unos días le estoy dando vueltas a la cabeza. El caso es que desde hace un tiempo, no sé cuánto, he perdido absolutamente el miedo a irme a la cama por sentirme obligado a cumplir. El asunto tiene su aquel, porque cuando uno asume su papel de "maestro" de lo que sea, y en mi caso es el asunto este de la Cienorgasmología, parece como que está obligado a demostrar cada noche de lo que es capaz, entre otras cosas, para seguir experimentando y poder contaros algo interesante. Pero la verdad es que no tengo mucho más que contaros al respecto, porque la ciencia, técnica y patatín y patatán ésta tiene la ventaja de poder ser explicada en pocas palabras. Bueno, sí que tengo algo más que contaros, pero me temo que va a pasar mucho tiempo antes de poder hacerlo, por razones que aún no puedo desvelar.

Esto no va a ser una lección de Cienorgasmología, sino una ¿simple curiosidad? que quizá pueda servir a alguien para dejar de comerse el coco. La cuestión es que desde hace tiempo me voy a la cama pensando en que no va a haber temita, cuando antes pasaba justo lo contrario, que siempre tenía que haberlo, lo que me ocasionaba alguna que otra incomodidad cuando no me apetecía más que cerrar los ojos, hablar un rato con El Jefe, y dormirme plácidamente. Es como cuando uno gana un campeonato del mundo, o es un figura del deporte, está obligado a hacerlo siempre a ese nivel o será criticado y puesto en duda.

La verdad es que desde entonces me siento liberado de una pesada carga, la frecuencia de encuentros ha disminuido significativamente (teniendo en cuenta que hasta hace no demasiado era desayuno comida y cena, más algún que otro tentempié a deshoras), pero los dos estamos más que satisfechos. Al fin y al cabo, el sexo no lo es todo, ¿no?. Aunque sea sexo cienorgasmológico.

Ahora, cuando nos apetece, lo hacemos, y cuando no, pues no. Ella nota cuándo tengo ganas yo, y yo noto cuándo las tiene ella. Es una de las ventajas de la monogamia, acabas conociendo al otro casi como a ti mismo.


Y para acabar, no puedo dejar de comentar uno de los asuntos más jugosos que nos ha dejado la actualidad, una foto que ha dado más que hablar que la Foto de las Azores, y que no es otra que la foto de La Familia MonZter. Disfrutad de esta y de otras que podréis ver en el blog de Salva y Reyes. Muy (bien) currado.

Buena semana a (casi) todos.





sábado 29 de agosto de 2009

Bobadas pseudocientíficas sobre el clítoris


En verano la mayoría nos encontramos disfrutando de nuestras vacaciones, y los periodistas también. Seguramente sea esa la razón por la que se publican bobadas para rellenar las páginas de los periódicos, como esta que descubrí por aquí:



Kim Wallen, profesor de psicología de la Universidad Emory (EEUU), lleva ya tiempo ocupado haciendo los cálculos que le han permitido averiguar la piedra angular del goce femenino. Según el investigador, y más allá de la posición exacta del famoso punto G, ha descubierto una sencilla regla fisiológica que determina si una mujer tiene más o menos facilidad para conseguir un orgasmo.

El quid de la cuestión está en la distancia que separa al clítoris de la vagina. Ese número, medido en centímetros, determina la facilidad para conseguir orgasmos por estimulación del pene, sin ayuda de lengua, dedos o juguetes sexuales.

Según Wallen, para ser la agraciada, la distancia entre el clítoris y la vagina debe ser menor de 2,4 cm, aproximadamente la longitud desde la punta del dedo pulgar hasta el nudillo del mismo. Cualquiera que tenga esta medida, está capacitada para producir orgasmos fiables durante una sesión de sexo con penetración.






Tras recuperarme de la impresión, ni corto ni perezoso, agarré uno de esas cintas métricas de papel que regalan en IKEA (¿Qué pensábais, que iba a usar un calibre digital?) para medirle la distancia entre ambos puntos mi señora. La sorpresa que me llevé fue mayúscula, porque una de las mujeres -no profesionales- que más orgasmos y de más larga duración experimentan en el planeta ¡¡¡Tiene una distancia de cuatro centímetros y medio entre el glande del clítoris y el borde anterior de la entrada de la vagina!!! Lo que según la "piedra filosofal" descubierta por el amigo Wallen debía incapacitar totalmente a la pobre desagraciada para experimentar orgasmos.



Supongo que más de uno de los practicantes de sexo anal habrá pensado al leer el estudio que a mayor distancia está el
ojete, y a nadie se le ocurre dudar de que su estimulación produce orgasmos enormemente placenteros. Es más, entre el clítoris de mi contraria y sus pezones hay todavía más distancia, más de medio metro, y tiene orgasmos igualmente cuando se los acaricio.


Puesto inmediatamente en comunicación con el Palacio de la Zarzuela para abordar la cuestión, Juancar y yo hemos decidido por unanimidad conceder el premio "
¿Por qué no te callas?" del verano de 2009 al "investigador" Kim Wallen, ex aequo con el autor del brillante artículo, honor del que hace entrega su majestad a continuación:





viernes 17 de julio de 2009

La Cienorgasmología con una nueva pareja

Nuestro querido Sammy cree que tiene un problema que ya quisieran para sí millones de hombres, y es que al parecer -aún- no consigue pasar de los 15 orgasmos por sesión. Vale que estamos aquí para superar con creces esa cifra, pero desde luego no es para preocuparse en absoluto, sino todo lo contrario. Es para estar muy satisfecho él por su rendimiento por encima de la media, y ella por tener un partenaire que se preocupe más por el placer de ella que por el propio y se lo haga pasar como difícilmente hubiera podido con otro.

Tirando de lógica y experiencia, se me ocurre que las razones por las que no consigue alcanzar sus objetivos pueden ser varias:




ATRAPAR LA PROPIA MENTE


En los inicios de una relación, y más siendo joven, el principal problema que yo tendría sería la dificultad para atrapar mi propia mente. A esas edades normalmente el orgasmo de la mujer nos arrastra, dificultando mantener el control sobre nosotros mismos, y consecuentemente perturbando una correcta dirección de la orquesta. Supongo que esto no le pasará a todo el mundo, hay personas más naturalmente autocontroladas y otras cuya dilatada experiencia sexual les permite tomarse el asunto sin tanta implicación instintiva, pero desde luego a mí me ha pasado en más de mil ocasiones, probablemente también engañado por la absurda sexualidad oriental. Pero se puede objetar a este argumento que parece claro que si se han llegado a los quince orgasmos es que un cierto control existe, obviamente no absoluto, pero existe.



SIN PIEDAD


Como ya saben todos los cienorgásmicos expertos, la clave para aumentar el número es no tener piedad de nuestra mujer. Como recuerda este capítulo, y su continuación en este otro es imprescindible que sea el varón el responsable y director de los conciertos sexuales, pues de delegar la batuta nos encontraremos lisa y llanamente con que la orquesta tocará lo que le apetezca, que parece ser lo que ocurre en este caso. Es esencial recordar que para meter cien orgasmos en una hora hay que carecer de escrúpulos de ningún tipo, encadenarle un orgasmo tras otro aunque nos implore por nuestra madre que paremos.


Si seguimos por el camino equivocado, la fémina nos podrá llevar por donde le plazca, responsabilizandonos a nosotros de la baja calidad del concierto o no, pero en cualquier caso no nos hará sentir precisamente bien. Curiosamente la causante del problema es ella, pero ya sabemos que los varones somos muy dados a acomplejarnos en cuanto las cosas no van como queremos. La realidad es que ella, por una u otra razón peregrina, nos ha ganado la partida, nos ha sometido a sus caprichos, ha tomado el control con el simple argumento expresado u oculto de que no somos lo suficientemente buenos.


No nos engañemos, una vez cautivos y desarmados por temor a
perderla, ella hará en lo sucesivo lo que quiera con nosotros por la misma vía, inducirnos a usar cachivaches sexuales como norma o cualquier otra garantía de insatisfacción futura. Tengamos en cuenta que cuando una mujer se convierte en multiorgásmica o cienorgásmica, puede seguir siéndolo sin nosotros con un amante mediano, igual no llegará a los cien por hora, pero seguro que no le importará quedarse en diez o doce, y ella sabe que eso ocurriría aunque nosotros no lo pensemos. Que sean necesarias variaciones y juegos raros tras años de relación puede ser hasta saludable, pero empezar arguyendo que no siente nuestro chisme da que pensar, y no precisamente bien, porque ya sabemos que el tamaño no importa.



LOS TOQUES


Una de las razones por las que es posible que la mujer no nos sienta es la repetición de los mismos eventos. Recuerdo que cuando vivía en el norte de España tenía una existencia satisfactoria, sin embargo, después de más de veinte viviendo en Madrid no soportaría volver a vivir allí, llueve todo el tiempo (exagero), hay más días nublados que soleados y pocos años -por ejemplo este mismo- tienes la garantía de unas vacaciones de verano sin chubasquero y paraguas. Sin embargo, cuando vivía allí estaba tan acostumbrado, me parecía tan normal que ni le prestaba atención al asunto.

Del mismo modo, si no respetamos escrupulosamente las recomendaciones de los capítulos relativos a los distintos tipos de toques, nos encontraremos con la repetición de un mete-saca monótono que borrará las pequeñas diferencias de matiz que existan entre un empujón y otro. Las diferencias no deben ser pequeñas, sino enormes, hasta el punto de que no conviene repetir más de tres o cuatro veces el mismo movimiento consecutivamente, sino más bien lo contrario, variarlos constantemente y mezclar los pélvicos con los táctiles, con los verbales y las esenciales pausas.

Un buen sofá de esquina y unas manos fuertes para agarrarse son indudablemente esenciales para que cada empujón mueva todo su cuerpo, consiguiendo así que sienta el empuje no sólo en sus genitales, sino hasta su cabeza.



CONCLUSIÓN

Todo esto no significa que uno esté haciendo algo mal, sino que puede hacerlo mejor. Es importante tomárselo con calma, ser astuto y no crear un problema donde no lo hay. Si la moza quiere ponerse arriba bajo amenaza de hacerse la insatisfecha, que se ponga, no estaremos perdiendo el control, sino cediéndolo inteligentemente; mientras tanto, cuando el control esté en nuestras manos, ¡leña al mono!. Un sólo orgasmo encadenado sin ninguna pausa con el siguiente es suficiente muestra de que podemos hacerlo, lo que nos debe aportar la seguridad de que podemos repetirlo, de que somos capaces de conseguirlo siempre que queramos. Y si le encadenamos dos o tres seguidos varias veces, dudo mucho que le quede energía para querer ponerse encima. O que diga que no nos siente.








miércoles 1 de julio de 2009

La lubricación y Mercadona

Durante los últimos meses he estado probando varios productos lubricantes, y aunque no soy el departamento de investigación de lubricantes de Ferrari, ni dispongo de laboratorios para analizar los más eficientes, sí que formo parte, como algunos de vosotros, de la parrilla de la Formula 1 de la sexualidad.

A cualquier persona-utilitario quizá le baste cualquiera, pero para funcionar a cien orgasmos por hora o más aún, para mantener un orgasmo de más de diez minutos, no es suficiente con echar mano de aquel que disfrute de una mejor imagen gracias una capaña de marketing más costosa; hay que testar los lubricantes en la competición real. Es lo que yo hice y por si os sirven, aquí están los resultados:


El primer producto testado fue el Lubricante K-Y gel de Johnson & Johnson. El resultado: se emulsiona a los pocos minutos perdiendo totalmente sus propiedades; cuando esto ocurre, se forman unas bolitas blancas bastante desagradables a la vista, como si fuesen la nata de la leche, que le ponen a uno, a una, y a las sábanas, hechos unos zorros. Además es caro, vale más de 10 eurazos para un volumen que no da para más de un mes de uso.

Valoración: 0 (Cero Zapatero)



El segundo fue uno un poco más, digamos, "sanitario"; desde luego no creo que lo encuentres en un sex shop. Se trata del lubricante vaginal de los laboratorios Isdin (técnicamente es un hidratante, pero entre sus propiedades está la lubricante). Es igual de caro que el K-Y, pero parece que se justifica más el coste porque incluye en la enorme caja de producto varias jeringuillas con las que inyectar el lubricante dentro de la vagina. Eso sí, si se siguen las instrucciones, no da para más de media docena de kikis.

El resultado es el mismo fiasco que el anterior: no vale para un F1, no resisten un motor que gira a altísimas revoluciones por minuto, se emulsiona y se hace bolitas.

Valoración:
Otro cero, Zapatero



En otras ocasiones había probado con aceite de oliva virgen de primera prensión en frío, con un resultado óptimo, aunque con un inconveniente importante: el delicioso olor del aceite en una rebanada de pan o una ensalada resulta algo desagradable en un casquete, además mancha mucho. Aquí vale cualquier marca, por supuesto, pero puestos a hacer patria, mejor un buen aceite andaluz.

Valoración: 7



También he probado los distintos tipos de aceite mineral tipo Johnson's que supuestamente se venden para niños aunque cualquiera sabe que no es el principal uso que se les da, sobre todo la cajera del hipermercado, que te ve sin niños ni edad de tenerlos, sin haber comprado nada para críos y con un aceite para bebés.

El caso es que pero la simple idea de meter un derivado del petróleo en el cuerpo de mi churri -no sé si me estoy volviendo un poco paranóico- me hace descartarlo totalmente, aunque sus propiedades lubricantes están a la altura del aceite de oliva. Yo no lo uso más que muy esporádicamente, por lo que no voy a recomendarlo, aunque no puedo negarle el aprobado porque lo que es lubricar, lubrica. También mancha mucho y más porque el orificio es muy grande y a no ser que lo uses en gel siempre sale más de lo que pretendes. El intenso olor siempre me recuerda a pañal cagado de crío. No te digo nada si pretendes pasar la lengua por donde has puesto aceite, se te queda la lengua como de trapo.


Valoración: 5


Y llegamos al último producto testado, se trata del aceite de almendras de la marca Deliplús de Mercadona, es baratísimo, cuesta alrededor de 2 euros, dura muchísimo y no mancha nada las sábanas. Circulan por Internet muchas opiniones favorables al respecto, pero por resumir se puede decir que es natural, beneficioso para la piel, lubrica muy bien, no se emulsiona en absoluto y no huele mal, al contrario, tiene un olor muy tenue. pero agradable. Por si fuera poco, al contrario que los anteriores, el formato del tapón permite usarlo con una sola mano, de modo que puedes untarte todo el invento con una mientras con la otra sujetas el bote, cosa que no puedes hacer con alguno de los anteriores.

Valoración: 9








He estado bastante tiempo intrigado por las razones de la ineficiencia de los lubricantes más conocidos, hasta que comprendí que todos los fabricados con base de agua como el K-Y, el Isdin, los de Durex y la inmensa mayoría de los demás, se han diseñado con un condicionante-limitante previo: no pueden tener aceites en la composición para no estropear el preservativo, aunque por lo visto en detrimento de sus cualidades lubricantes en el kiki a pelo.





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