viernes 5 de febrero de 2010

Sexofobia femenina


La sexofobia o fobia a las relaciones sexuales tiene su origen -me atrevería a decir que siempre, pero toda regla tiene su excepción- en algún tipo de relación negativa con el elemento masculino; sea el padre ausente, sea el novio adolescente torpe, sean creencias arcaicas o absurdas sobre el particular, erróneos sentimientos de culpa -no todos son erróneos, pero los hay que sí-... que originan en la mujer una necesidad irreprimible de hacerse con el control del asunto como reacción a miedos diversos -al dolor, a la dominación, al pecado, al embarazo, a la enfermedad de transmisión sexual...- o por simple afán de revancha o venganza.

A medida que vayas leyendo te vas a ir dando cuenta de que el asunto es de puro sentido común, pero como en ocasiones se unen o alternan varias causas, conviene observarlas por separado para evitar confusiones y poder así hincarle el diente al tema con garantías.



Mala relación con el padre

Lo que ha aprendido una mujer en esta situación -o con un padre ausente- es que no puede confiar en los hombres, no puede abandonarse en sus brazos porque su confianza ya ha sido traicionada en demasiadas ocasiones, ha sido obligada a vivir a la defensiva desde pequeña, construyendo una barrera contra los afectos, contra las debilidades, las naturales vulnerabilidades infantiles que el padre debiera haber asegurado para merecer ese nombre. Quien no está a la altura no es otra
cosa que un mero progenitor "A" o "B" biológico. Tan sólido escudo que puede llevar a convertir sus relaciones de pareja en algo nada vivido, nada natural, sino algo puramente normativo, no carente de cierto sadismo y totalmente carente de la más mínima expresión de amor; más o menos así: Esto es así porque tiene que ser así, porque por qué no, porque lo digo yo, y punto. Pues no: lo normal es tener una vida normal, y si lo que se desea es una vida anormal, hay que dar al otro la posibilidad de elegir seguir su propia vida por separado, no vale vender la normalidad al principio -para enganchar- y luego desvelar la sorpresa.

Las relaciones de mujeres así no funcionan porque no se dejan llevar naturalmente, porque tod
o tiene que ser analizado, justificado y aprobado -aunque tanto el análisis como la justificación no son otra cosa que pajas mentales sostenidas simplemente a base de una férrea y fría autoestima, de hembra sabedora de que tiene la sartén por el mango, o sea, chichi- por la mandamás de la relación. El castigo para el que pretenda subvertir su tiranía es una temporada de secano, así que el varón castrado ya sabe que no le quedan más narices que aguantar, porque aún puede ser peor.

Cuando sí que
se abre de patas no deja de poner problemas, controlando constantemente la situación, rompiendo la excitación con sus paranoias: que si ahora hay que hacer esto porque estoy sintiendo aquello... que si esto no que me hace sentir no sé qué... que si más así o asá que si no... Constantemente generando sentimientos de inseguridad -más de los que suele tener el consorte-tipo de semejante pájara- y culpa en el varón... En suma, jodiéndole vivo, no conscientemente, pero jodiéndole de todos modos.

Pero no queda ahí la cosa, para más inri, ella -normalmente de forma inconsciente- se vengará del padre en él, reprochándole su supuesta falta de habilidad, igual que le reprocha al progenitor la falta de habiliad paterna, despreciándole, ninguneándole, destruyendo su autoestima, burlándose de él incluso, pero siempre sometiéndole, porque ahora ella puede, ahora ya es mayor y la que manda.


El novio adolescente torpe -y salido-

Ha generado en la sexofóbica un condicionamiento pavloviano típico. Ella se enerva cada vez que él intenta tocarla -supuestamente masturbándola aunque en realidad simplemente excitándola para ver si así se deja finalmente penetrar- porque el lugar que han escogido para sus escarceos no es el adecuado, algo que a él,
completamente cegado por el instinto, le importa un rábano, mientras ella siente un lógico miedo a ser descubierta.

O simplemente porque ella es muy sensible y el crío un zarpas, o porque ella se da cuenta de que lo único que quiere él es
seso y sólo seso, pero atenciones ni una. A base de repetición, ella ha desarrollado la respuesta fóbica, de rechazo, de huída. Más de una lesbiana habrá surgido de situaciones como estas.



Si el noviete cabrón no fue adolescente, sino crecidito

Seguramente el miserable abusón habrá querido imponer su criterio por las bravas, tirando de edad y
mundo para imponer su voluntad, haciéndole daño, sin prestar atención a las quejas, y culpabilizando a la pobre niña de su propia torpeza. Igual que en el caso del noviete adolescente, ella ha desarrollado una respuesta de evitación frente a la práctica sexual.


Las creencias erróneas arcaicas

Basadas en igualmente erróneas interpretaciones de la religión, estas creencias generan sentimientos de vergüenza y culpa, incluso si el varón es el futuro esposo y tiene una habilidad que ya ha demostrado con otras parejas sexuales normales, porque el condicionamiento clásico ha sido consolidado antes de que él apareciese en la vida de la mujer, y como los condicionamientos son hábitos, y los h
ábitos son pura estructura cerebral, no una idea que flota en el éter, no será suficiente con una habilidad media para romperlo y construir uno adaptativo. Si es tu caso, varón, no te sientas disminuido, hace falta una habilidad muy superior a la media para destruirlo, no sólo ganas.


La violencia sexual

Las agresiones sexuales también pueden generar una respuesta sexofóbica en una mujer perfectamente normal hasta el mom
ento del crimen. Si este es el caso, también hay que actuar con astucia, y hasta con mimo, de modo que la mujer no pueda pensar -porque no sea así verdaderamente, claro- que los acercamientos tienen como único fin usarla como objeto de la satisfacción sexual masculina: "Prometer hasta meter, y después de metido, nada de lo prometido".

Recuerdo que hace muchos años rompí este condi
cionamiento en una veinteañera en una sola noche. La pobre criatura, violada por su despreciable padre desde los seis años -esto es una mezcla de mala relación con el padre y violación-, volvió a la normalidad utilizando una estrategia sutil: me fui a la cama con ella como si aquello fuese a ser un casquete normal producto de una noche de pasión, y se levantó por la mañana sin haber sido penetrada, simplemente besada, acariciada, abrazada, querida, atendida, escuchada... Aquella noche fue tenida en cuenta como persona, no como muñeca hinchable humana. Una semana más tarde me llamó por teléfono, estaba entusiasmada, quería contarme que había tenido un orgasmo con un noviete. Una bomba teledirigida con tanta precisión puede hacer saltar por los aires el condicionamiento más férreamente estructurado, pero estas cosas no salen siempre perfectas, hay que estar muy seguro de lo que uno hace para meterse en un berenjenal semejante.








Por fin una buena noticia


La buena noticia es que la Cienorgasmología, la ciencia, técnica y
arte de hacer cien orgasmos por hora a una mujer, se basa precisamente en atrapar su mente, en tomar las riendas de la sexualidad sin dejarse atrapar la propia con las peroratas, lamentos, quejas, reproches, normas, exigencias, imposiciones y cualquier otro tipo de estrategia de manipulación emocional. La cuestión clave es, por lo tanto, robarle el control, porque en las situaciones en las que lo ha perdido -que tontas no son, y les gusta lo que les gusta, tanto o más que a las demás- ha disfrutado como una enana sin poner una sola pega (hasta después).

Eso sí, conviene tener en cuenta que no es lo mismo aprender a hacerle cien orgasmos por hora a una mujer monoorgásmica normal que hacer disfurtar a una mujer sexofóbica, aquí es imprescindible empaparse de la teoría del Manual de la Cienorgasmología, comprenderlo, preguntar lo que no se entiende, armarse de valor inquebrantable, de seguridad en uno mismo, conseguir un compromiso firme de colaboración por la parte femenina, tomarse un tiempo de reflexión antes de acometer la tarea... y ponerse a trabajar sin miedo a los fallos que pueden producirse (no pasa nada, la Ciernorgasmología es suficientemente potente como para superar pasos atrás o errores en el proceso).

En caso contrario, si ella no se compromete a cederte el control absoluto -y cuando digo absoluto quiero decir exactamente absoluto- de vuestra vida sexual hasta que alcance la normalidad, ni te molestes, devuélvela porque seguramente aún está en garantía, y búscate otra sin taras.


jueves 14 de enero de 2010

Pues resulta que el Punto G va y no existe!!


No, hombre, no!!

No se nos puede hacer una putada semejante!!

Toda la vida presumiendo de lo bueno que soy en la cama porque soy único descubriendo el Punto G de mis conquistas y resulta que el jodido no existe!!






Si lo piensas con algo de detenimiento, el dichoso Punto G no ha hecho más que justificar inutilidades. La del machote que atribuye la responsabilidad de su torpeza a una supuesta ausencia del punto en una partenaire, o la de la frígida que no se entera de nada así le toques todos los puntos del abecedario mientras acusa al varón de ineficacia, también quizá la del sexólogo que excusa su estéril terapia en argumentos "orgánicos" con respecto a los que él no tiene nada que hacer... por no hablar del típico doctor Bacterio, funcionario aburrido -e insatisfecho sexualmente y/o siempre pensando en lo único- en un frío y estéril -en ambos sentidos- laboratorio o en un despacho de una universidad de tercera regional ávido de un poco de gloria y completamente chiflado.





Aunque si sigues pensándolo, también es innegable que habrá hecho a más de un zarpas andarse preocupando un mínimo de su mujer, intentando localizar el interruptor de la voluptuosidad de la pobre, anodina a fuerza de aburrimiento, lo que ha contribuido sin duda a que la mujer alcance mayores cotas de placer... y de consideración por parte del elemento masculino, que no está nada mal.

Pero fastidia confirmar que nos (me incluiré, porque yo también me lo creí en algún momento de mi vida, no voy a negarlo) han tenido engañados como
a críos, tocando por aquí y por allá, buscando El Dorado del placer sexual, adoptando las ridículas posturitas acrobáticas del Kamasutra, como si se consiguiera más placer comiendo cabeza abajo que cómodamente sentado -no sé vosotros, pero nosotros seguimos usando dos-tres de las más normalitas- en una silla.

Nos han convencido de intentar eyacular hacia atrás en plan taoísta -o egoísta, por centrar el supuesto desarrollo del placer en uno mismo y no en el de la fémina-, insatisfechos a causa de un prejuicio infantil y romántico de la sexualidad peliculera, además de frustrados porque -como ocurre afortunadamente en todo el género humano- la repetición de lo placentero acaba tornándolo aburrido. Y todo para nada, total, la gente se lo monta casi igual que hace cuatro mil años o más, sin demasiadas variaciones significativas... hasta el descubrimiento de nuestro secreto.

Ni es el tamaño de la cola del varón lo importante, ni la distancia entre la entrada de la vagina y el clítoris, ni el inexistente Punto G. (Mal que le pese a mi admirada o admirado Remedios Morales), y mucho menos el epítome de la idiotez, el recién descubierto Punto U (no me digáis que no lo conocíais, so pardillos). Lo importante es EL CEREBRO.




jueves 31 de diciembre de 2009

Gracias a todos

Gracias a todos por estos 365 días en los cuales habéis prestado vuestra atención al humilde fruto de mis pensamientos (ya quisiera yo que fuesen míos realmente, yo también los he tomado prestados de la vida!), y gracias a Dios por habernos conservado vivos para poder incluso perder nuestro tiempo en estas divagaciones, irrelevantes a veces y otras no tanto.

Gracias porque seguimos recibiendo más de mil visitas al mes, así que no creáis que no se leen vuestros comentarios o que no somos nadie.


Para el nuevo año, el 2010, os deseo sobre todo fe (y para mí también, que nunca está de más), y que todo os vaya lo mejor posible en todos los aspectos.


Gracias otra vez, un abrazo a todos y que Dios os guarde.




Si hacéis clic en la imagen veréis el pps que he seleccionado para vosotros. Es muy bueno.

jueves 26 de noviembre de 2009

Arqueología sexual

La naturaleza es sabia, aunque en ocasiones el elevado número de individuos pre-humanos que nos rodean hacen que nos parezca lo contrario. La causa de esa contrariedad no es otra que la tendencia a comparar la evolución con la referencia de la duración de nuestras vidas individuales o, como mucho, unos siglos atrás, lo que nos hace perder la perspectiva de que llegar hasta el momento actual de desarrollo nos ha llevado millones de años. Millones de años de transformaciones a base de selección natural.


Expresado en términos mundanos, selección natural significa que el más guapo, (con arreglo a los parámetros de la época) más fuerte, mejor desarrollado y más
listo es el que se reproduce más, por supuesto con una compañera de las mejores características, lo que supone que sus respectivos genes se transmiten en mayor cantidad. El feo, enclenque, mal parido y torpe no se come un colín, lo que impide que sus genes se divulguen en la misma medida o simplemente es eliminado antes de poder lograrlo. Da pena, ¿no? Pues a la naturaleza le importa un pimiento.


A pesar de las similitudes que algunos animales de características cuasihumanas tratan de establecer con los simios, existen desde un punto de vista sexual, notables diferencias evolutivas que han ido asentándose por la sencilla razón de que han sido ventajosas evolutivamente. Ventajoso significa en este contexto, por ejemplo, que si fuese adaptativo que camináramos a cuatro patas, seguiríamos haciéndolo; y si no lo hacemos, es porque es recesivo, limitante de la evolución. Pero lo que me ha resultado más curioso del asunto es observar la importancia de la sexualidad en la evolución de la razón y los sentimientos humanos, no sólo de los rasgos anatómicos.


Darwin decía que la función crea el órgano y la falta de uso lo atrofia, pero existen corrientes actuales que defienden que las
modificaciones adaptativas se han producido gracias a la mayor tasa de reproducción de los "casualmente" más aptos, no porque el cuello de las jirafas se haya ido estirando para alcanzar las ramas más altas, sino porque las que los tenían más cortos se morían de hambre mientras las otras comían y se reproducían. Seamos partidarios de una teoría o la contraria, lo que podemos afirmar sin duda es que cuando el ser humano se hizo agricultor y pudo almacenar comida, dejó de necesitar el apéndice que en su época de cazador usaba como despensa portátil, lo que a la larga contribuyó a su minimización. La ausencia de barriga como evidencia a los ojos de los demás de ese "protoestado del bienestar" que se disfrutaba se convirtió en rasgo deseable para las señoras por aquello de garantizar el sustento de sus vástagos. ¿Nos ponemos a darle vueltas a la idea de que los budas suelen ser barrigones mientras que Jesucristo era delgado? Mejor dejémoslo para una mejor ocasión.


Entonces ¿cuál fue la causa de la evolución de la posición de la vulva femenina
desde sus orígenes cuadrúpedos (no dejéis de leer este interesantísimo artículo de Remedios Morales? ¿por qué no evolucionaron igualmente todos los simios? ¿Acaso la estúpidamente denostada "postura del misionero" tiene una componente adaptativa? Y si la tiene ¿cuál es? Yo me atrevo a hacer una especulación, que no será mía sin duda, sino pensada mucho antes, y que consiste en lo que desarrollaré a continuación.


Incluso en sociedades precivilizadas como la antigua mongola de Gengis Khan y
la mayoría actual del mundo musulmán (ahora van y me lapidan) en las que todavía se considera moralmente aceptable la poligamia, es decir, en las que se considera a la mujer como un mero objeto de la satisfacción masculina hasta en el paraíso, existe el papel de "la favorita". La favorita es la única cuyos descendientes heredan el rango del poderoso progenitor y consecuentemente poseen más probabilidad de difundir ampliamente su ADN. En contraste, a las mujeres relativamente insignificantes, a quienes puede considerarse una "cualquiera" entre tantas, se les reserva básicamente el papel de productoras de ocio, mientras que a las que tienen otra significación, bien por su origen igualmente noble o de alto rango social, se les dispensa un trato más respetuoso (no vaya a ser que el suegro se mosquee y la arme), no se les trata aquí-te-pillo-aquí-te-mato como a "perras" cuadrúpedas, sino que el varón se molesta en observar su rostro para comprobar si las habilidades que está desplegando le son o no satisfactorias, pues de ello depende en parte su propia seguridad física y psicológica. Tener a "la enemiga" en casa con un poder similar al propio es un problema de los gordos.


Por si esto no fuera suficiente, una "cualquiera" no podía negarse a la cópula forzosa del marido-dueño, pero sí podía hacerlo la primera esposa si el machote no se comportaba adecuadamente, porque sin descendencia legítima su poder se tambaleaba hasta correr peligro frente a nobles competidores. Ella podía simplemente cerrar sus piernas y negarse al casquete en plan represalia por las inatenciones del animal. La "cualquiera" se quedó con el chirri en el culo pariendo bastardos.


Y si aceptamos, parafraseando, la excelente definición del concepto amar de Erich Fromm: Amar es ocuparse activamente por la vida y el crecimiento de lo que amamos; podemos empezar a entender un poco mejor de dónde surge esta conducta -que no sentimiento- adaptativa humana.


Con el paso de los milenios, las favoritas, aquellas con las que se practica la postura del misionero, tienen más descendencia y mejor dotada, lo que nos lleva al punto actual. Esa es la razón por la que, a pesar de los pesares, las mujeres , al contrario que las simias, tenéis el chichi entre los muslos. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.



jueves 12 de noviembre de 2009

Manual para aprender a masturbarse

Quizá los que nos lean allende los mares no entiendan de qué va el asunto que tanta polémica está generando en España y que da sentido a este post, así que toca explicarse. Se trata de la iniciativa de gobiernos autonómicos de siniestras -los buenos de toda la vida- de enseñar a los críos de secundaria a masturbarse como parte del engendro ese llamado Educación Sexual que tanto me recuerda a esa otra bobada para mentes desorientadas llamada Inteligencia Emocional. El debate está centrado, en los medios de comunicación, sobre si tal ocurrencia es o no ética, si atenta contra los principios de privacidad y si existe hoy en día algún debate social que sugiera la necesidad de dar luz a ciertos temas antiguamente considerados tabú.

Tampoco quiero hacerme eco de la estupidez que supone la iniciativa desde una perspectiva simple: que a la mayoría nadie nos ha enseñado a masturbarnos, lo que no ha impedido que hayamos disfrutado de nuestros placeres solitarios cuando nos ha venido en gana, sin haber necesitado que ni el PSOE ni sus lobbys nos enseñen como si fuesen -petulantes- doctores en la materia y el sexo lo hubiese inventado el señor Marx. Ni mucho menos que -probáblemente- la mujer no profesional que más orgasmos y de más larga duración tiene en el planeta -la mía- jamás en toda su vida se ha tocado los bajos con una intención que no sea la de lavárselos, lo cual no le ha impedido desarrollar una vida plena y placentera -con los problemas y desgracias inevitablemente vinculados al hecho de existir- que no puede precisamente calificarse de limitada por no haber tenido nunca la curiosidad y mucho menos la necesidad de tocarse para otros menesteres diferentes a la pura higiene personal.

Lo que sí me parece digno de resaltar es que, como en el caso del genocidio infantil también llamado torticeramente "aborto" para engañar a los incautos, esto no es más que una treta para que los amigotes de los gobernantes actuales hagan caja. Y tengo sobradas razones para afirmarlo.

Conozco a una pobre criatura de treintaypocos años, fracasada en lo familiar hasta romper su matrimonio frívolamente, con una vida tan vacía como las arcas del estado sólo periódicamente rellena por una dosis de autoestima regalada por el primer salido que se le insinúe ahí por la web y que ella acostumbra a aceptar de buen grado; e igualmente fracasada profesionalmente y eso que de niña prometía. La desgraciada, como cualquier imbézil que se precie (¿por qué me habrá salido con zeta?) -valga como ejemplo la ninfómana Laura Garrido- se pirria por dar lecciones de vida a los demás: que si eres infeliz, que si estás frustrado, que si eres antiguo, que si estás limitado, que hacer el amor es lo más hermoso que hay, que si no puede imaginarse que quede gente como tú en el mundo moderno, que si no se puede no saber lo que es la lluvia dorada...

Esta desorientada cayó, ya que no valía para otra cosa, en las garras de un par de tortilleras -anormosexuales femeninas, para quien no conozca el término- que regentan una tienda llamada "Los placeres de Lola", especializada en lo que ellas denominan "artes amatorias". A decir verdad no sé si es una la que hace las tortillas mientras que la otra prefiere que le aticen con un buen mango, o son las dos las que se dedican a batir huevos, pero es claro el carácter feminista, misántropo y militante anormosexual de la tienda de guarradas en cuestión.



haz clic sobre la imagen para ampliarla si tienes el estómago sano



Además de dedicarse a organizar reuniones domésticas de Tuppersex para vender cacharrillos a las señoras insatisfechas -que parece que no les va del todo mal- parece que han pensado en exportar sus conocimientos al público infantil aprovechándose de sus amigotes sociatas, convirtiendo en doctas profesoras a un grupo de descerebradas que no tienen otra ocupación más provechosa en la vida. Y a jóvenes en efermos -no lo digo yo, lo dice un médico psiquiatra- como cualquier otro adicto, adictos a pelársela.

Para ilustrar con un poco más de claridad -para que nadie pueda pensar que estoy sesgado- el nivel del personal docente que se gasta la gentuza ésta, baste decir que en el perfil de Facebook de la desnortada doctora cum laude en asesoramiento sexual por la universidad de La Lola, cualquiera que pase por allí puede ver entre su escasa docena de imágenes, a sus hijas de menos de cinco años abiertas de patas sobre sus camas -simplemente vestidas con unas braguitas que apenas disimulan el relieve de sus infantiles vulvas- en lugar de jugando en el parque con sus amiguitas como hacen los padres normales.



Y para concluir este post, una reflexión: si ofrecen a los niños bolas chinas, lubricantes, consoladores ahora eufemísticamente llamados dildos (si piensan que yo voy a seguirles el juego, van listas) y vayan ustedes a saber qué, ¿por qué no incluyen lecciones de coprofagia, sadomasoquismo, bukkake, etc., para niños? ¿Por qué no les ofrecen también correas y arneses infantiles y juveniles? ¿Por qué no se regalan consoladores a los bebés en lugar de chupetes y juguetes didácticos? ¿Dónde están los límites de su aberrado sentido moral?

No se lo pierdan, en su página web, que por supuesto no voy a enlazar, aparece esta pudorosa observación (para partirse de risa):


En los cursos les dirán: Niños, además de poder comprar la píldora del día después sin que se enteren vuestros padres, tendremos sumo gusto en hacernos cargo de vuestra generosa paga semanal a cambio de un surtidito de aparatos con los que podréis disfrutar más de vuestro "autoamor" y de las "artes amatorias" -preferentemente anormosexuales, claro- en compañía. Discretamente, claro.





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- Los cachivaches muleta
- Los peligros de los juguetes sexuales (cachivaches)


martes 27 de octubre de 2009

Casi un tercio de los españoles chinga menos de una vez al mes

En Elconfidencial.com acaban de publicar un interesante artículo -que además cita este otro en el que se anunciaba que los españoles somos los mejores amantes del mundo!!! (¿Será la Cienorgasmología es ya más conocida de lo que alguno supone?)- sobre la baja frecuencia sexual media de las parejas españolas. ¿A alguien le extraña con la que nos está cayendo y el panorama que nos espera con el inútil de ZP?


Ya os había contado en este post que también en mi caso había disminuido últimamente, aunque ello no implicara algún tipo de insatisfacción, sino todo lo contrario, un alivio. En honor a la verdad he de decir que cometí una imprecisión al escribirlo, porque no di cifras concretas, así que ahora preciso: si bien ya no cienorgasmologueo todos los días varias veces, lo hago unas cuatro veces por semana -que no es moco de pavo, visto lo visto-, por lo que mi mujercita sigue disfrutando de orgasmos discrecionales una o varias veces al día. Alguna vez digitales, otros orales, y otros acariciándole los pececillos.

Y, aún cuando la pobrecilla no guarda las proporciones clítoris-vagina necesarias para disfrutar, y un servidor es un pobre necio desconocedor del esencial ¡¿Punto U?!, la pobre infeliz tarda cero coma en empezar a orgasmear, lo que me permite no dedicar más tiempo y energías de las imprescindibles para mantenerla más que satisfecha. ¿Me estoy haciendo viejo o vago?.


Y a propósito de esto de la frecuencia sexual, hace unos días estuve viendo un programa muy interesante del inefable Fernando Sánchez Dragó en el que entrevistaba a un reputado urólogo, que afirmaba que con el famoso Cialis uno podía disponer en cualquier momento de toda su artillería en perfecto estado de revista. Muy curioso, porque Cialis, a diferencia de la Viagra, puede consumirse diariamente sin ningún efecto secundario adverso -eso dicen, yo no lo sé- y no sólo media hora antes del casquete, lo que desde el frecuentemente romántico punto de vista de la mujer anula cualquier vestigio de la mínima espontaneidad deseable. Tanto como pararse a ponerse un condón.


Es evidente que para un impotente -disfunción eréctil se llama ahora- es preferible chingar con horario preestablecido que no hacerlo, así que no nos pongamos puntillosos con la vencida Viagra, no vaya a ser que de tanto escupir al cielo acabe cayéndonos el gargajo encima. Sin embargo no está de más seguir recomendando el mejor método conocido hasta la fecha para satisfacer sexualmente a la mujer y para reforzar positivamente la erección masculina: la Cienorgasmología.


Porque un hombre en condiciones no implica una mujer disponible. Como hemos repetido en tantas ocasiones, la calidad es preferible a la cantidad, y si el varón es torpe, la mujer se sentirá tentada a cambiarle la Viagra por una inocente Aspirina a ver si hay suerte, el manazas no se entera de la jugada y la deja tranquila una semana más.







No quiero terminar este post de hoy sin dedicar un par de líneas -¡qué menos!- de homenaje a ese gran hombre, gran patriota, gran militar y gran profesional, antiguo Jefe de la Casa del Rey, que se nos ha ido, dejándonos más a merced si cabe de modelos mediocres, negativos, o desastrosos para el presente y el futuro; Don Sabino Fernández Campo, descanse en paz en la Gloria de Dios.




viernes 23 de octubre de 2009

La ciencia confirma lo obvio: chingando conoces gente



A veces los descubrimientos de la ciencia parecen tonterías. Los científicos se preocupan de cosas que la mayoría damos por hecho hasta el punto de no dedicar un segundo de nuestro tiempo a pensar según qué cosas. Por ejemplo, normalmente a la gente no se le ocurre pensar por qué el hielo flota y qué pasaría si no lo hiciera,
o por qué ciertos tipos de música nos animan mientras que otros nos entristecen; es así, lo ha sido siempre, y punto. A veces apetece preguntarles si no tienen mejores asuntos en los que ocuparse, ¿verdad?

Sin embargo, en ocasiones, los descubrimientos científicos más absurdos aparentemente no lo son tanto en una sociedad fuertemente ideologizada, a la que ilustres idiotas como Marx, Freud & Cia. con sus respectivas cohortes de admiradores, tratan de imponer a la sociedad paranoias que no sólo no tienen sustento en cualquiera que haya dedicado algo más de dos tardes a pensar en las cosas importantes, sino que son absolutamente falsas desde una perspectiva científica.

Vivimos en una sociedad cuya moral -el conocimiento del bien y el mal- está manipulada por unos cuantos desarrapados mentales (véase también Bibiana Aído o Pedro Zerolo) que juzgan bueno aquello que coincide con sus intereses más bajos, con sus necesidades, con sus excentricidades, aunque poco a poco -demasiado poco a poco para mi gusto- igual que la ciencia derribó las barreras de un cristianismo preocupado por contener el irracional y violento islam, las religiones primitivas, paganas, bárbaras y brujeriles, hasta convertirlo en su principal defensor, baluarte e impulsor a través de las primeras universidades: la primera del mundo en Constantinopla en los S III y IV dC. y las primeras europeas en Bolonia, Palencia y Salamanca siglos después, fruto de un germen moral: la búsqueda de la verdad científica opuesta a la falsedad.




Vayamos al grano



¿A quién se le ha ocurrido alguna vez pensar en que para que nazca un nuevo ser humano es necesar
io el concurso de varón y mujer? Es una obviedad para cualquier crío, hasta para los malinformados niños de los 60, que creíamos en la cigüeña que venía de París. Ahora bien, nuestra candidez no nos impedía darnos cuenta de que sólo venía si había un papá y una mamá normales.

Hoy en día que uno de los dos papás sea estéril no es un problema sin solución, hay bancos de semen, de óvulos y todo eso, que también son aprovechados por alguna descerebrada que otra que, ante la incapacidad de amar y por tanto de establecer un matrimonio consistente a causa de su desorientación, recurre al método expeditivo de traer al mundo a un hijo sin padre. Vamos, una de esas que presumirá de instinto maternal y querer lo mejor para su hijo.

Y, sin embargo, hasta una cosa tan obvia como la necesidad de un papá que ponga la semillita en la barriguita de la mamá -además de ser lo correcto desde un punto de vista estrictamente moral- tiene ahora una explicación científica, aunque no la requiriese en absoluto quien tuviera dos dedos de frente.

Porque según se desprende de la investigación realizada en la Universidad de Oregón, y citada aquí,
las plantas y animales que también pueden autofecundarse tienen unos descendientes más fuertes y sanos cuando dejan de mirarse el ombligo, se fijan en sus congéneres y optan por una pareja sexual. La nueva generación fruto de esta unión tiene más probabilidades de disfrutar de una vida más larga que los hijos de «familias uniparentales» y sufren menos mutaciones genéticas.

Obviamente los bancos de semen son alimentados por "papás", evitándose así mutaciones genéticas indeseadas. Además no hay aún mujeres que se autorreproduzcan -iría en contra de la moral, pero también de la ciencia, aunque visto lo visto uno puede esperarse cualquier aberración- para evitar "mancharse" con un macho enemigo, supongo que en el caso de alguna feminista anormosexual. Pero no hay que esperar tampoco a que la ciencia confirme que es amoral y negativo tener hijos sin padre o con familias anormosexuales. La naturaleza sabe lo que hace y por eso fija sus leyes. Curiosamente, la Ley de Dios y las leyes naturales descubiertas por la ciencia coinciden.




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