Cómo explicar las drogas a los hijos para mantenerles a salvo


Párate un momento y asúmelo si quieres proteger a tus hijos: no tienes ni la más remota idea de cómo explicarles, para que ellos mismos se mantengan a salvo cuando no están contigo, qué son las drogas, qué hacen, y por qué enganchan. Cuando surge el tema te limitas a advertir de lo malas que son y las posibles dramáticas consecuencias que pueden producir, que pueden arruinar la vida y terminar con ella y blablabla. Pero esa realidad dramática no es la que tus hijos ven; como te ocurrió a ti en tu niñez, ellos tienen otra noción del tiempo y la realidad, por lo que no les sirve de nada, es más, te ven como un rollo, un pasado de moda, un amargado, un aburrido, un palizas, un aguafiestas de otro siglo... y por lo tanto harán justo lo contrario de lo que tú dices, precisamente para no parecerse a ti. 

Y si eres o te crees un experto en esto de las drogas, aún más: todo lo importante que crees saber es falso, de hecho no sabes explicarlo de forma convincente y efectiva ninguno sabéis y por esa razón el porcentaje de personas, pequeños y mayores que sucumben no sólo no desciende, sino que aumenta, por más que vivís de vuestra presunta sapiencia que no es más que vanidad de pobres diablos buenos para casi nada importante, meras baterías del sistema.

Te voy a poner un reto, para que compruebes si dices que quieres lo mejor para tus hijos, que harías lo que fuera por ellos, que te preocupa su salud y su futuro, y blablablá, tengan la edad que tengan ahora mismo o incluso si aún no los tienes. Ve a la página de la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción), o cualquier otra similar, y luego deja un comentario aquí que resuma lo que has entendido, si has encontrado alguna clave PARA QUE UN CHAVAL TE ENTIENDA. No para que creas que lo entiendes tú, no eso no vale para nada, sino para que lo entiendan tus hijos desde la preadolescencia en adelante y que lo entienda tu abuela. Ya sabes, hay una prueba del 9: si tu abuela no es capaz de explicarte lo que le has explicado tú, es que tú no lo has entendido.




Bien, si has tenido lo que hay que tener y has intentado enterarte sin éxito (que no es culpa tuya, sino suya) vamos a empezar por advertir que vamos a hablar sólo de los porros de hachís o marihuana, porque no queremos extendernos excesivamente y el resto de drogas son una variación de esta que suele servir de entrada en ese mundo, y sabido cómo funciona una, sabidas todas, cada una con sus particularidades. Para facilitar las cosas evitando no enredarnos con academicismos inútiles vamos a usar sólo dos términos raros de los componentes de los petas, el THC y el CBD.



Qué hace el CBD en el cerebro


El CBD (de venta en herbolarios, parafarmacias y farmacias) es sencillamente un relajante muy potente. Muy potente, tanto que puede dejarte literalmente catatónico, incapaz durante un rato de mover ni un dedo las primeras veces que lo consumes, pero si sigues usándolo su efecto se atenúa hasta casi desaparecer. 

¿Hace falta que te explique lo que se siente cuando estamos relajados? ¿Tengo que explicarte lo agradable que es despertarse un día festivo y quedarse en la cama, sin prisa, disfrutando de los pensamientos, dejando que fluyan? ¿Te desvelo algún secreto si te digo que tus mejores (o más locas) ideas las tienes cuando te relajas bajo la ducha caliente? Vale, pues ahora te voy a desinflar el bizcocho, lo lamento: ¿hace falta que te explique que nos mola tanto porque la vida normal no es así de guay sino todo lo jodidamente contrario (porque es un gimnasio que te prepara para la Eterna, y en el gimnasio se sufre) porque seguimos trabajando 8 horas al día como hace siglos?

No es tan difícil de pensar: Tus hijos acaban de salir de la niñez, esa época mágica en la que tenían todo resuelto, todas sus necesidades satisfechas, poca responsabilidad, poco esfuerzo, muchas vacaciones Verano Azul... y casi súbitamente todo se les ha ido complicando, y se encuentran de repente un día en una vida y un mundo que no les gusta nada, que les exige esfuerzo, responsabilidad, disciplina, que les frustra porque no pueden comprarse todo lo que quieren porque ya no sólo son chuches, que les exige una imagen, tener algo, vestir bien, ser originales, únicos, estrellas del firmamento, niños índigo... (que es lo que les has estado diciendo toda la vida, so besugo o merluza, como yo lo hice). 

¿Hace falta que te explique por qué les encantan las actividades en las que se evaden (juegos, deportes, tecnología, masturbación...) de su mierda de vida? ¿Necesitas que te explique por qué son las víctimas perfectas de los camellos y encantadores de serpientes autoayuderos y políticos satánicos, como toda persona que tenga una vida desdichada o se crea que la tiene porque creyéndolo y actuando en consecuencia consigue algo que quiere pero de forma que no se note o casi que está manipulando a los demás para conseguirlo?

Pues el CBD, ese componente de los canutos, hace precisamente eso: elimina de un plumazo —transitoriamente las tensiones, los nervios, el estrés; les relaja como si estuvieran acurrucados en el edredón una mañana invernal de domingo, tumbados bajo un radiante sol en la playa de vacaciones, o abrazando a su amada o en brazos de su amado. ¿Cómo no iban a engancharse a eso si hasta estás enganchado o enganchada tú? ¿O no te gusta a ti relajarte echando un buen polvo con el otro progenitor de tus hijos?

Así que ya tienes la primera clave del por qué es tan fácil que la gente se enganche a las drogas. El mecanismo de la adicción es tan simple como el mecanismo de un chupete, observa: Si cuando fumas porros estás relajado y te sientes bien, cuando se te pase el efecto te sentirás mucho peor de lo normal porque el contraste es enorme, y eso es lo que te empujará a volver a consumir y hacer lo que sea para conseguirlo. Y así sucesivamente.

Lo has pillado, ¿verdad? 

Pero aunque ya te hayas dado de la capital importancia de este mecanismo, incluso si estás con los ojos como platos pensando en por qué no te habían contado esto antes, espera, porque el CBD no es la clave más importante, aunque sea colaboradora del THC para formar el arma perfecta.





Qué hace el THC en el cerebro


El THC es lisa y llanamente un turboalimentador del cerebro, un estimulante. ¿Y qué?, también el café es un estimulante y no representa ningún problema tomarse dos o tres al día. Ya, pero el café es sólo un estimulante, no es un superestimulante como el THC.

E igual que cuando entra el turboalimentador en tu coche (si lo tiene) notas que incrementa su empuje, su potencia, un turbo en tu cerebro aumenta su potencia operativa, lo hace funcionar a tope de rendimiento.

Así que presta mucha atención porque aquí está el meollo del asunto, lo que tienes que entender de forma cristalina:

Si te va a atropellar un camión ¿te interesa saber de qué marca es? ¿tiene alguna importancia que sepas que lo conduce un tipo blanco, uno negro o uno amarillo, alto, bajo, calvo, melenudo, flaco o gordo, te caiga bien o como una patada en la entrepierna? ¿Y que usa el perfume agua de naranja de Mercadona o el Stormy de Pull&Bear te importa algo?

¿Que a qué viene esto? Pues sigue leyendo y lo verás.

El cerebro humano ve, huele, sabe y siente lo que necesita ver, oler, saborear y sentir; ni más ni menos. Es lo que necesita para desenvolverse en su vida cotidiana. No necesita más, y como no lo necesita, como el cerebro es muy económico en cuanto al gasto de energía y empleo de recursos, no va más allá de lo necesario. Le da exactamente igual si el camión que te va a atropellar es un Hyundai o un Urovesa, rojo o azul, si tiene la pintura ya apagada o nuevecita, si lo conduce un gordo sudoroso sin camiseta o una gorda sudorosa con camiseta, lo que le interesa es que no te atropelle.

Con el paso de los años la comida ya ha dejado de sabernos tan intensamente como de niños, por lo que se convierte en una forma de satisfacer las necesidades plásticas y energéticas del organismo salvo cuando queremos darnos un homenaje. Naturalmente todo, todo en la vida, se vuelve más apagado, más gris.

Las farolas y los árboles de las calles, además de iluminar por la noche, ayudan a crearnos las referencias necesarias para caminar, junto con las aceras y los edificios. Nada más y nada menos. Pero ya ni las vemos, ni las miramos salvo que seas uno de esos creativos de la publicidad o un pintor, salvo que la farola tenga una historia peculiar impactante, o que estés de permiso en el frenopático, no te vas a quedar fascinado mirando una farola. 

No, no te vas a quedar absorto y extasiado mirando una intrascendente farola, o un árbol, o una flor... salvo si te has fumado un porro. Porque lo que cotidianamente es un mero elemento del mobiliario urbano igual que otros tantos, gracias al aumento brutal de rendimiento que produce el THC en el cerebro, el objeto más intrascendente se convierte en algo... ¡vibrante!, ¡fascinante!, casi vivo, con unos atributos visuales extasiantes, brutales, oníricos, místicos, mágicos, sobrenaturales... flipantes. Porque:


  1. Aumenta la concentración de las partes del cerebro implicadas en su percepción. Igual que en los espectáculos de hipnosis o en lo que haces para aumentar el número de orgasmos a tu mujer.
  2. Aumenta el número de partes del cerebro implicadas en su percepción. Esto es obvio, como intentar levantar un frigorífico tú solo o con la ayuda de otras tres personas, o intentar tú solo construir el Acueducto de Segovia o con la ayuda de doscientos operarios.
  3. Aumenta el rendimiento de esas partes, les llega más sangre, lo que implica más oxígeno, de forma que se hacen más eficientes en la percepción y el procesamiento de la información, incluyendo aspectos de memorias anteriores relacionadas con la experiencia actual. (Y hasta aquí sólo van 3 elementos)
  4. Aumenta el contraste de la figura a la que se presta atención con el fondo. Se difumina el fondo como en las fotografías en las que se usa el difuminado a propósito.
  5. Aumenta la percepción de su volumen tridimensional. En lugar de parecernos «una simple farola» plana a la que ni prestamos atención como a otras tantas cosas que abarca el campo visual. Aumenta la viveza de los colores, el brillo, la luminosidad, y el contraste entre ellos.
  6. Establece conexiones con otras partes alejadas de esa realidad, por ejemplo la relación de esa farola y todo lo que implica con el progreso humano, o con recuerdos especialmente agradables o desagradables. 


Y sólo hemos hablado de aspectos visuales, no de olores, sabores, sonidos y tactos. Ahora imagina una fiesta o un botellón con música y alcohol, chicos y chicas, y el morbo del descubrimiento del mundo y del hacer lo prohibido.

Es decir, que siendo el THC simple y llanamente un turboalimentador que intensifica todo lo que el cerebro percibe normalmente, que intensifica el mundo entero y las sensaciones agradables que nos aporta, sean sabores, olores, tactos, placer sexual... 

Si le sumas un contexto inducido por la intensa relajación que ha provocado el CBD, ya tienes el arma perfecta.

Ahora coge a una persona ignorante, desorientada, a la que no se ha educado bien, fantasiosa, izquierdosa, envenenada por el orientalismo, los diversos esoterismos y la propaganda NOM, ergo inadaptada a la realidad, intolerante a la frustración, tendente a la atribución externa de los fracasos (he aprobado/me han suspendido), con escasos éxitos reforzadores de su personalidad (no saben porque tú no sabes, y lógicamente no les has podido enseñar, porque nadie da lo que no tiene, zoquete), y dale a fumar una cosa que volatiliza todas las tensiones y ansiedades relajándole hasta casi la catatonía etérea mística, y de paso le hace ver, sentir, oler, oír, gustar... vibrar con las cosas más triviales como algo maravilloso, divino... experiencias místicas de fusión con su amor (je), conexión paranormal, orgasmos cósmicos... y dile que se acabó. 

Hasta tú te mandarías a ti mismo a pastar con tu rebaño de borregos.

¿Y qué te encuentras cuando se le pasa el efecto?

Justo, con una persona que no quiere saber nada de la realidad, que sólo quiere huir otra vez a su mundo mágico fantástico. Una persona que necesita refugiarse en su maravillosa pero efímera realidad artificial. Una persona que prefiere quedarse mirando la marca del camión aunque le atropelle.



Esta era la cara, pero también hay cruz


Peeero... hay un pero enorme, y es que lógicamente, si el estado de la criatura en cuestión es depresivo porque ha tenido un mal día, se ha enfadado con su amorcito, ha suspendido (no le han suspendido) los exámenes, le has echado la bronca, o simplemente termina el verano y llega el otoño, el domingo por la tarde, las clases, la rutina, la oscuridad... ¿Sabes lo que hace el THC con su pobre cerebro? ¡Justo! Intensificar su mal rollo hasta el paroxismo, hasta la desesperación. 

Y buscará desesperadamente aquel efecto euforizante que conoció (cuando estaba de buen rollo) fumando más sin saber que está agravando su estado. Quizá hasta tener un problema serio de salud mental o algo peor.

Pero la cosa no termina ahí, porque sólo estamos considerando el efecto del THC. ¿Sabes qué lógico papel juega el CBD en este cóctel macabro? Pues ni más ni menos que eliminar la energía, vaciar el ánimo, activar el sistema parasimpático e inhibir el simpático, incrementar la vagotonía, torpedear cualquier intento de hacer nada más que tumbarse en su cama a ver pasar la vida y las imágenes de las felices celebridades en Instagram.

Y cuando intentes ayudar, te mandarán a escardar, porque ¿qué sabes tú que nunca has tenido su edad de cómo se pueden sentir?



¿Cuál es la importancia de saber qué hacen las drogas en el cerebro?


  • ¿Qué pasa cuando sabes que una comida que te gusta mucho te sienta mal? Pues simple: o la evitas o reduces al máximo la cantidad que comes. Eso en lugar de atribuir tus males a otra cosa, lo que te impediría actuar para resolver el problema.
  • ¿Qué pasa cuando sabes que después de pegarte un palizón deportivo vas a tener agujetas? Simple también: no te preocupas por los dolores, no crees que corresponden a otras causas, por ejemplo enfermedades, lo que te aporta tranquilidad y puede acabar hasta gustándote y generándote una adicción sana (adherencia lo llaman ahora).
  • ¿Qué pasa cuando sabes que buscas siempre el mismo tipo de relaciones personales? Sencillo también: no atribuyes a chorradas infantiles del tipo «no tengo suerte en el amor» tus fracasos, asumes que eres así de tonto y estás preparado para el próximo fracaso, de forma que no te destruirá, igual incluso cambias de tipo de persona (no estoy hablando de maric*nadas, que conste por si acaso).
Del mismo modo, cuando una persona sabe exactamente lo que ocurre en su cerebro y en su cuerpo cuando se fuma un porro, no tiene pensamientos delirantes tipo «esta vida es una mierda», «que paren el mundo que yo me apeo», «no me gusta estudiar», «los empresarios y los ricos son todos unos hdlgp», «voy a okupar una casa», «voy a votar a la izquierda», «no aguanto más, me voy a la India», «me voy de cooperante a África para...» (todo atribuciones externas de los propios fracasos que impiden afrontarlos y por tanto superarlos), «prefiero vivir un año así y morirme que toda la vida como tú», «es que tú no sabes lo que es», etc., etc., etc. por contraste con sus fugaces momentos de éxtasis inducidos por las drogas vinculados con ese mundo alternativo, rebelde, rastafari, anarquista, republicano, revolucionario, ateo, pagano, hinduista, siniestro..., porque sabe que al final se encontrará que ya no le hacen efecto y habrá tirado por la borda su vida entera, y de paso a los suyos.

Saber exactamente el efecto que le hacen las drogas puede permitir a un adolescente (o a ti, yo lo recomiendo un par de veces o tres al año para que la pareja cargue sus depósitos afectivos con unos buenos polvazos de esos de recordar el resto del año, quizá acompañado con un buen vino español no hace falta que sea carísimo, en Mercadona los hay excelentes por tres o cuatro euros, aunque la sinceridad que estimula puede jugar alguna mala pasada por incitar a decir lo que no merece la pena decir, ya hablaremos de ello) incluso disfrutar de ellas alguna vez y siempre en un entorno de seguridad, protegido o acompañado por alguien sobrio sin desarrollar esa adicción psicológica a apearse del mundo y sin correr el grave riesgo de sufrir psicosis (locura) irreversible, tristemente cada vez más presente en los jóvenes porque uno acaba viendo visiones y creyéndose los delirios que tan intensamente ha experimentado (su cerebro ha generado conexiones con ideas que no son coherentes con la realidad o fantasías al someterse a la sobreestimulación) y en los no tan jóvenes. 



Imagen de portada de Alexas_Fotos en Pixabay 

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